SOBRE LA LLEVADA Y TRAÍDA "EDUCACIÓN CON CALIDAD"
Minuto a Minuto

Índice del artículo

SOBRE LA LLEVADA Y TRAÍDA "EDUCACIÓN CON CALIDAD"

 

Por:  María Cristina Gómez Guerrero* 

 

Tratando de definir Educación con calidad tendría que iniciar señalando el significado de ambos conceptos, incluso preguntarme y preguntarle a usted, amable lector, si existe un significado unívoco y universalmente aceptado para cada uno.

 

Sobre educación existen múltiples definiciones, la palabra es polisémica, entre sus diversos significados encontramos: instruir, informar, enseñar, conducir, estudiar, aprender y, finalmente, formar. Ante el dilema de definir el concepto de educar con un solo sinónimo, elegiría invariablemente el último de los mencionados; para mí educar es formar. Lo anterior es sólo una aproximación al concepto, por lo cual incluyo enseguida algunas de las múltiples definiciones que existen para definirlo, entre éstas:

 

 

 

“Educar es fomentar, por un proceso social, la actuación por la que el hombre como agente de su propio desarrollo tiende a lograr la más cabal realización de sus potencialidades” (Filosofía Educativa UIA, 1983:9).

 

 

 

De esta definición cabe destacar los siguientes aspectos:

 

·         Educar es una actividad humana, es decir, que se realiza por y para el hombre.

 

·         Además, la educación es una actividad social, es decir se produce la educación del sujeto inmerso en un contexto social determinado y a la vez el sujeto mismo incide como agente modificador de ese contexto. 

 

 

 

Así el proceso educativo puede ser considerado como una actividad compleja cuyo objetivo es la realización de las potencialidades o dinamismos humanos: actuar creativamente, transformar la naturaleza, alcanzar un conocimiento verdadero de la realidad, dominar los propios actos mediante el ejercicio responsable de la libertad y lograr la armonía entre los impulsos del ser humano.

 

Por otra parte, Bernard  Lonergan considera que “Educar es hacer operante una filosofía, propiciar con la actividad educativa los objetivos siguientes: atender, entender, juzgar y valorar”; a partir de este concepto surge la siguiente interrogante: ¿cuál filosofía es la que habrá de operarse? ¿la del educador? ¿la de la institución educativa? ¿la de ambos? ¿y la del estudiante?

 

Ahora bien, Gastaldi  señala que “Educar es el acto de preparar al sujeto para que alcance su fin último, su realización como persona, mediante acciones libres y moralmente rectas” (1994: 62). La situación se complica, la libertad hace presencia, al menos en el discurso.  Dejemos la libertad y la disertación sobre ésta para otra ocasión.

 

 

 

Sobre “educar” existen definiciones poco halagadoras, sobre todo para quienes estamos involucrados directamente en el ámbito de la docencia, sin embargo y desafortunadamente en ocasiones –no pocas- pertinentes. Una de ellas es aquella que alude el conocido escritor Óscar Wilde y que dice a la letra: ““La educación es una cosa admirable; pero conviene recordar de cuando en cuando que nada de lo que vale la pena de ser conocido puede enseñarse” (s.f.: 920).

 

No pretendo agobiarlo con múltiples definiciones, así que abordo inmediatamente el segundo concepto: calidad. Si hablamos de calidad como atributo inherente a la educación, o por lo menos característica propia de aquella a la que se aspira, desde el punto de vista semántico lo conveniente será señalar que se entiende por calidad la cualidad educativa, aquella que alude a la clase de educación: buena o mala, formadora o deformadora, capacitante o discapacitante, inclusiva o segregante. Aunque la claridad del concepto todavía está lejana, nos vamos acercando, por lo menos, así lo espero.   

 

Si reflexionamos en torno al para qué de la educación, quizá ello pudiera aclararnos un poco el panorama. Tal vez la respuesta podría referirse al sentido final de misma: ser personas, humanizarse o desarrollarse integralmente; o bien, al contexto histórico en el que la educación sucede, es decir, al proceso que viven los seres humanos inmersos intencional o casualmente –aquí y ahora- en el fenómeno educativo.

 

Considero pues que el para qué debería darnos la pauta para medir las cualidades de la educación. ¡Eureka! Tenemos una pista, lástima que el para qué tampoco sea un objetivo universal y por todos compartido.

 

Sitúo ahora en el centro de la reflexión el para qué, al menos el que ha guiado mi ejercicio docente y que me gustaría aquí y ahora compartir con ustedes. El ser humano se sirve de las circunstancias a su alcance para desarrollarse y alcanzar sus metas, el problema está entonces en éstas. Si mi meta es ser feliz, las cualidades que he de desarrollar y los procesos que he de vivir serán, valga la redundancia, cualitativamente distintos de aquéllas y aquéllos que se invierten para acumular recursos.

 


 

 

 

En este sentido, sería necesario reflexionar en el ámbito en el que sucede la educación, actualmente se habla de educación formal e informal para señalar el contexto escolarizado o extra escolar en el que el fenómeno ocurre. Es importante reflexionar también respecto a dónde, cuándo y cómo nos educamos y educamos a la vez a quienes comparten con nosotros el tiempo y el espacio.

 

El ser humano inicia su educación desde que nace, incluso hay quienes afirman que desde el vientre materno, el desarrollo humano implica un continuo aprendizaje y éste ocurre en diversos ámbitos, no sólo en el escolar. ¿Entonces por qué nos referimos casi exclusivamente al ámbito escolarizado, cuando hay individuos que nunca han pisado una escuela y son seres humanos más “humanizados” que muchos que han invertido gran parte de su tiempo de vida en las aulas escolares.

 

Estamos preocupados y ocupados en los parámetros arbitrarios e importados que pretenden medir cuantitativamente la calidad educativa. ¿Nos interesan pues los números y las estadísticas o las personas, su desarrollo, capacidades y oportunidades?

 

Actualmente la importancia de la calidad se remite a los parámetros cuantitativos que son requisitos para conseguir los recursos humanos o materiales que se requieren en la educación escolarizada: escuelas, directivos, profesores, alumnos, libros, uniformes, bibliotecas, computadoras, bases de datos, enciclomedia, Internet… y un largo etcétera que se va acrecentando en la medida que la tecnología avanza y produce recursos útiles en el ámbito educativo.

 

Es primordial preguntarnos al respecto si la tecnología está al servicio del hombre, o el hombre al servicio de la tecnología. Estamos equivocando las prioridades educativas y en este afán perdemos de vista lo primordial: la humanización de los educandos que supone, no siempre naturalmente, la humanización de los docentes.

 

Ahora bien ¿Cómo podríamos medir la calidad de las personas?,  habrá jerarquías en esta medición, habrá quienes ocupen auténticamente la zona VIP de la humanidad? ¿Quiénes serán los encargados de tal medición y que atributos les permitirán erigirse en jueces de sus semejantes?

 

En fin, la reflexión sobre el tema debe ser amplia para incluir en ella la calidad de todos los elementos involucrados en el fenómeno educativo. De tal suerte y para finalizar esta breve reflexión me remito a la finalidad educativa que señala el artículo 3º. de nuestra Carta Magna y que alude al desarrollo y convivencia armónicos de los mexicanos.

 

Pensemos pues en este parámetro, en la armonía o desarmonía de nosotros, de quienes nos rodean y de la sociedad que conformamos. ¿Estamos respondiendo cualitativamente a esta finalidad? Evidentemente no. ¡Emprendamos pues acciones cualitativas que nos permitan alcanzar este objetivo!

 

Es imperativo pasar del discurso a la acción, de la promesa a la concretización. “Educación con calidad”… ¡Dejemos de llevar y traer la frase! … si no es ahora ¿cuándo?, si no somos nosotros ¿quiénes?

 

Referencias

 

 

 

 

 

  • Gastaldi, Í. (1994) Educar y evangelizar en la postmodernidad. Ecuador: Abya Yala.

     

  • Lonergan, F. Bernard J. S.J. (1993) Filosofía y método. Topics in Education. Toronto: Universidad de Toronto.

     

  • Universidad Iberoamericana. (1985) Filosofía Educativa. México: UIA.

     

  • Wilde, Oscar. El Crítico Artista en Obras Completas. s. l., s.f. s. edit.

     

 

 * María Cristina Gómez Guerrero es Maestra en Linguística por la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP) y catedrática de la Universidad Iberoamericana de Puebla y del Centro Internacional de Prospectiva y Altos Estudios (CIPAE)