Epicteto: de la esclavitud a la lectura
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De la edición de la UNAM del Manual, Epicteto  (55-135 DC), tomo los datos generales del filósofo estoico que es emblema excelente de la transformación radical de la vida por medio de la lectura. Todavía esclavo, antes de su manumisión, fue alumno del estoico Musonio Rufo. Posteriormente –ya liberto- estableció escuela propia.

Aunque filósofo notable e imperecedero –vean si no: han pasado veinte siglos y seguimos leyendo su Manual- Epicteto no escribió, no dejó texto alguno escrito por su mano. Lo que conocemos de él es obra de un alumno suyo –por cierto, a veces poco elocuente- llamado Lucio Flavio Arrio. En este aspecto –la agrafía- Epicteto es semejante a Sócrates, a Jesús y a Ferdinand de Sassure. No divaguemos. Qué expresión tan sugerente: divagar, caminar sin rumbo -¡cómo si en verdad lo hubiera!- al través de los caminos, las llanuras, los valles y las pendientes del pensamiento. Decía –prometía- no divagar; me centro. Escribí que un alumno suyo tomó notas de las lecciones del filósofo y esos apuntes, al través de veinte siglos y numerosas traducciones y ediciones, han llegado a nosotros, para bien de nuestro espíritu y del gobierno de nuestras vidas. Si alguien me pidiera una representación, un ejemplo, de la transformación, metamorfosis, mutación sustancial de la vida humana por medio de la lectura –conocimiento y meditación- no tendría duda en proponer a este hombre que, de esclavo vil, pasó a ser filósofo imprescindible de la tradición del pensamiento occidental. Una de las categorías éticas operativas de su filosofía es lo que llama “eventos de la vida bajo nuestro gobierno”. Afirma que sólo algunos sucesos podemos gobernar por medio de la voluntad o de la libre elección y, luego entonces, somos lo que queremos y elegimos. Pero, también, sentencia que existen acontecimientos que pertenecen a la fortuna, a la naturaleza, a la fatalidad, y que ante ellos nada es posible, salvo impedir que nuestra impotencia ante su curso inexorable perturbe nuestro ánimo.  Ergo, la discriminación de la condición de los eventos –como puede inferirse de lo anterior-  es la primera prueba del pensamiento ético. Del Manual, leamos el pasaje siguiente: “Hay cosas que están bajo nuestro control y otras que no lo están. Bajo nuestro control se hallan las opiniones, las preferencias, los deseos, las aversiones y, en una palabra, todo lo que es inherente a nuestras acciones. Fuera de nuestro control está el cuerpo, las riquezas, la reputación, las autoridades y, en una palabra, todo lo que no es inherente a nuestras acciones. Las líneas anteriores son la traducción al español, de un texto inglés, realizada por Elizabeth Carter; quien a su vez la tomó de un desconocido que vertió la versión latina al inglés. ¿Qué ignoto hombre o mujer realizó el primer trasvase del griego a la vulgata latina? No lo sabremos nunca. No obstante, celebremos hoy la sobrevivencia del pensamiento del Estoico leyendo otra meditación suya (?), de altísima y misteriosa calidad literaria: “Recuerda que eres el actor de un drama y desempeñas el papel que el Autor ha querido conferirte. Será un papel largo si te lo adjudicó así, y será corto si decidió darte un papel breve. Si le place, actuarás de hombre pobre, de tullido, de príncipe o de artesano; y tú asegúrate de representar ese papel con naturalidad. Tu misión es desempeñar bien el papel que te han asignado; el elegir ese papel es función de otro”.  (FIN DEL ESCRITO)

Roberto_Martnez_Garcilazo*Roberto Martínez Garcilazo es poeta y escritor poblano.

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