Una tercera vida (Artículo y vídeo)
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21 de julio de 2020

POSDATA 2

 

Hay seres que viven en su vida múltiples vidas. A ellos pertenece Ángel María Garibay, pues hemos visto que logró hacer una existencia sacerdotal con logros que le reconoce la Iglesia Católica al darle nombramiento de encargado principal de la Exégesis de las Sagradas Escrituras. También sus trabajos y docencia en la máxima casa de estudios del país. Se hizo en la vida académica y de investigador serio y laborioso en la ciudad de México, pero teniendo un ojo en su patria chica, el estado de México, donde lo mismo vivió en el Valle de México que en el Valle de Toluca, en el sur pasando por Tenancingo donde aún se le recuerda. Su paso es recordado por sus alumnos, que lo fueron de él jovencísimos.

Pero a su vida de Académico y de investigador de la UNAM y su carrera de sacerdote, se le aúna la experiencia como escritor de textos que son fundamentales para reconocer no sólo el pasado mexicano, pues lo mismos estudios sobre temas del oriente del planeta; que esa piedra de toque de todo investigador serio en ciencias sociales: como lo es atender las mitologías griegas y latinas. Ahí podía estar toda la vida y no más. Pero su gran idea, la monumental tuvo que ver con el estudio de las lenguas indígenas. Cuando la política educativa y cultural era de olvidar las lenguas de nuestros antepasados para sólo hablar y escribir el español. Con la peregrina idea de que había que fundar un solo país: monolingüe, con una cultura mestiza que no se reconociera en su origen, sino sólo en el colonialismo español y las ideas venidas de Europa.

Por ese motivo es que cancelaron en una o dos generaciones de mexicanos todo afecto a lo indígena. Aunque esta cultura estuviera regada por todas partes, en el nombre de ciudades, villas, pueblos, calles, avenidas y grandes carreteras. El centro de México está lleno de nombres en náhuatl y, aun así, los fabricadores de políticas educativas y culturales insistían en hacernos una nación monolingüe que no supiera ni de dónde le llegaba el mestizaje.

Por eso es tan importante la labor en primer lugar de Ángel María Garibay, de Miguel León Portilla y de aquellos sociólogos y antropólogos que se preocuparon por buscar el México profundo de personajes que son en serio la representación del México que se indaga en sí mismo. Publicado por Promexa Editores en 1979, La literatura maya del investigador Demetrio Sodi M. y en el mismo texto La literatura azteca de don Ángel María Garibay es prueba del interés por escarbar en nuestro pasado, y en el presente en estudios de campos, para saber qué cosa somos, cómo es que somos así, y quiénes nos heredaron la riqueza de nuestras ideas que no se han formado solas.

La tercera actividad a que se dedicó el padre Garibay es una de las grandes recuperaciones realizadas en toda América, sobre aquellos que fueron los originarios de este continente y, que siguen siendo culturas presentes, a pesar de los genocidios cometidos desde Alaska y hasta la Patagonia en contra de ellos. En su introducción Demetrio Sodi expresa: “… En este aspecto, no pudimos trabajas más que con los textos escritos en maya yucateco y en maya lacandón, que son las lenguas que conocemos. Y aquí conviene aclarar que estas dos lenguas no son sino algunas de las veintiuna que aún se hablan en la actualidad en la zona maya, por veintiún mayenses que están distribuidos en los estados de Chiapas, Tabasco, Campeche, Yucatán y el territorio de Quinta Roo de la República Mexicana, en Belice, en Guatemala y en la zona occidental de Honduras”. Cuando se estudia una cultura territorio, tiempo, colores, sonidos, instrumentos de música, gastronomía, todo se vuelve un indicador de la riqueza de cultura con la que se trata. Nuestros estudiosos de lo que somos han sabido abrevar de dichas culturas y les han quitado el polvo del tiempo y sus injusticias venidas del propio hombre, para comprobarnos la riqueza inconmensurable sobre las cuales estaban fundadas las culturas mayas y la cultura azteca.

A eso se dedicó Ángel María Garibay, del que se decía que tenía mal carácter. Ahora entendemos el por qué. Como en todos los sabios, los safios tienen la costumbre de interrumpir el trabajo intelectual, de concentración y búsqueda que elabora una obra clásica para todos los tiempos, como lo es, por ejemplo, Historia de la Literatura Náhuatl del padre Garibay. No se construyen estos monumentos de la sabiduría teniendo una vida social que pierde miles de horas en el antro, la cantina, el bar o los bailes. Que hace de la vida en convivencia el punto de referencia de toda hora por encima del mínimo trabajo que se debe hacer para poder comer, o para poder aportar un granito de arena a la cultura en que se ha venido al mundo.

Dice Demetrio Sodi: “En este sentido podemos decir que lo que se conserva de literatura maya no tiene una homogeneidad de características como la tiene, por ejemplo, a la literatura náhuatl, aunque se dio en diferentes épocas y zonas geográficas, posee sin embargo características que la uniforman y la hacen aparecer como literatura propia de un mismo grupo étnico y lingüístico, así como participante de una misma cultura”. La riqueza cultural del pasado, en sus orígenes, de México es tan grande que no hemos podido comprender que en ello está la fuerza del espíritu y nuestra identidad como mexicanos.

En su sabiduría, Demetrio Sodi y Ángel María Garibay, nos dan esta esperanza de que las lenguas indígenas son presente, sobre todo por aquellas lenguas que se niegan a morir en los herederos de la raza, su arte popular, y su identidad como mayas, zapotecos, otomíes, mazahuas, náhuatl, Mixes, Mixtecos, purépechas y tantos más que sobreviven a la barbarie, y aparecen en su riqueza de facto, también en investigaciones de arqueólogos como Román Piña Chan o Eduardo Matos Moctezuma. En su introducción al estudio de la literatura azteca escribe el padre Garibay: “Al llegar al territorio que hoy forma la nación mexicana los conquistadores españoles tuvieron el primer contacto con la población nativa de habla maya. Pero no se hizo la penetración en esta región sino hasta muy avanzado el siglo. La penetración y conquista que culminó el 13 de agosto de 1521 fue en pueblos de habla nahua. Los más cultos y organizados, bajo el dominio del señorío de Tenochtitlan y sus aliados, que con nombre ya divulgado suele llamarse Imperio Azteca”. Las contradicciones de la vida humana, los pueblos más avanzados son aquellos que a veces caen en garras de los imperios, y aquellos dispersos entre la jungla o los desiertos, son aquellos que defienden sus territorios con valentía, pero también con mucha astucia.

Prosigue el padre Garibay: “Los que ya hablaban esa lengua impusieron a los pueblos sometidos como lenguaje de dominación y de comercio. Fue de esta manera una lengua de gran difusión y en la práctica comprendida por los pueblos de diferentes idiomas. La unidad de lengua facilitó la penetración hispana en todos los pueblos dominados. Esta lengua tiene por nombre náhuatl, pero en este escrito, a diferencia de otros publicados, usaré el término azteca, como más conocido y usado por el gran público de América española, a quien principalmente se destina esta edición de testimonio de aquella producción literaria”. Esa divergencia del náhuatl y el azteca, bajo este estudio el padre Garibay nos dice pongan atención porque la muy conocida cultura azteca se sustentaba en la larga vocación de las culturas ancestrales que tienen que ver con la Olmeca en primer lugar y después con la tolteca. Es decir, el Largo camino para fundar Tenochtitlan que se dice viene de las alturas del estado de Nayarit encuentra en el seno de Mesoamérica las riquezas de antiguas culturas que forman las construcciones que en Teotihuacán alcanzan su máximos esplendor. Dice el padre Garibay: “Es verdaderamente asombrosa la suma de escritos den lengua azteca que se allegaron (misioneros y hombres cultos) y muchos de ellos han salvado la tormenta de los siglos y la incomprensión o desdén de los hombres y los tenemos a nuestra disposición”. Qué suerte porque así hemos podido comprobar quiénes somos y de dónde venimos. Rescatarlos de la memoria y salvarlos del naufragio fue la tarea escribe Garibay.

Francisco Javier Estrada. nace en Toluca, México. es Presidente de Casas del Poeta AC. Fue director y fundador de revistas en tierra mexiquense; creador del Encuentro Nacional de Poetas del estado de México, y fundador de la editorial Casas del Poeta. Ha escrito más de 4 mil artículos para revistas y periódicos en la entidad. Tiene más de 120 títulos publicados en Ensayo, Cuento, Poesía y Antologías.
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