
12 octubre 2015
Escuchando al canta-autor Mexicano Óscar Chávez cantar la canción “Hasta Siempre Comandante” del poeta y músico Cubano Carlos Puebla (Cuba 1917-1989), donde relata la grandeza del comandante Ché Guevara. Viene a mi memoria como ráfaga de emotivos recuerdos la presencia de mi gran y estimado amigo el Dr. Rafael Sánchez Varela, hombre de gran nobleza y cálido trato. Que lamentablemente falleció el 14 de julio de 2015 en un accidente de carretera.
Al escuchar la poesía de esa canción, tal pareciera que está describiendo a nuestro amigo Rafael, cuando dice: “aprendimos a quererlo” y de verdad aprendimos a quererlo por su buen trato, alegría, compañerismo y solidaridad, todos los que coincidimos con el Dr. Rafael Sánchez en los diferentes espacios de la vida: escuela, trabajo, fiestas, viajes, actividades políticas y guardias médicas en los diferentes hospitales. Tuve el gusto de conocer al Dr. Rafael Sánchez a nuestro ingreso a la Facultad de Medicina de la UNAM en el año de 1972, donde por casualidad del destino estuvimos inscritos en el mismo grupo, donde por cierto era el grupo de los Sánchez, tan solo unos pocos no teníamos ese apellido. Al poco tiempo del inicio de clases, en una asamblea grupal, nombramos a Rafael representante de grupo y desde esa posición pudimos constatar el sol de su bravura y su exquisita inteligencia al enfrentar al Director de la Facultad el Dr. José Laguna, quien se oponía al movimiento de Cogobierno surgido en la facultad en ese año, dicho movimiento había sido iniciado e impulsado por un grupo de profesores de ideas renovadas y revolucionarias, entre ellos los Profesores y Doctores Nicandro Mendoza, Roberto Folk i Fabre, entre otros.
Como consecuencia de ese movimiento nos acercamos a Rafael Sánchez un grupo de alumnos que a la postre nos convertiríamos en grandes amigos y defensores del cogobierno, ya que considerábamos una propuesta revolucionaria de la administración educativa de la Facultad de Medicina de la UNAM. Motivados por nuestra gran amistad con Rafael, realizamos todos los estudios médicos juntos: Gilberto Sánchez Luna, Roberto Sánchez Ramírez, Miguel Ángel Ortega Maldonado, Miguel Ángel Sánchez Toledano y el que escribe Enrique Canchola.
Por esa época Rafael nos presentó a otros representantes de grupo que apoyaban el movimiento de Cogobierno en la facultad de medicina, con quienes establecimos también buena amistad, entre ellos a Aldalberto García Orduño y Cuauhtémoc Abarca Chávez. Como consecuencia del movimiento del cogobierno la facultad se fue a huelga por más de tres meses, tiempo que aprovechamos para viajar a Centro América con Rafael, llevando muestras médicas que nos había dado el Dr. Gregorio Benites Padilla y que habíamos pasado a recoger en su consultorio de Anillo de Circunvalación en plena Merced.
Hicimos ese primer viaje de aventón, llegando a Oaxaca en la noche y hospedándonos en plena zona roja, de allí pasamos a Tehuantepec, donde presenciamos una boda y la muestra de la sabana con sangre, evidencia de que la novia era virgen hasta la noche nupcial. La noche de ese día decidimos esperar al tren para viajar a Arriaga Chiapas, durante nuestra espera en la estación había una mujer con su hijo casi muriendo de una severa infección respiratoria con mucha tos y calentura, allí fue nuestra primera consulta y el primer ser humano que rescatábamos de la muerte. Después de Arriaga llegamos a Tapachula donde pasamos algunos días en la playa de Puerto Madero comiendo mariscos y tomando cerveza como reyes. Después emprendimos nuestro viaje y llegamos a Guatemala, visitamos la antigua y nos fuimos al Salvador a casa de Chamba hijo de Don Américo, amigo de Don Rafael papá de nuestro amigo.
Nuestra estancia en San Salvador fue toda una gran aventura, conocimos a lindas chicas, que nos invitaron a diferentes fiestas y lunadas en las hermosas playas de ese hermoso país, comimos pupusas y tomamos cerveza pilsener.
Otra interesante faceta del Dr. Rafael Sánchez, era su admiración por los revolucionarios, por tal motivo llevábamos propaganda roja que sería entregada a miembros de la resistencia Salvadoreña, todo ello con el peligro que representaba. En San Salvador nos dedicamos tres días a dar consulta en un dispensario médico. Rafael era gran admirador de la belleza femenina y en el Salvador abunda, uno de nuestros amigos el Dr. Roberto Sánchez quedo prendado de la belleza de una de las salvadoreñas y casi se queda en esa hermosa ciudad. Después de tres meses regresamos en camión ya que habíamos ganado suficiente dinero producto de nuestras consultas y nos reintegramos a nuestros estudios.
Reanudando las clases en la facultad íbamos con frecuencia a comer a la casa de Miguel Ángel Ortega, su mamá y sus hermanas cocinaban delicioso, como olvidar la cola de res en pipián o los frijoles refritos, también acostumbrábamos estudiar una noche anterior para los exámenes en la casa de Rafael, donde su mamá Doña Lucha siempre nos atendían con mucho cariño.
Imagen: youtube.com
Enrique Canchola Martínez es profesor de la
Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa
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