
18 septiembre 2015
La Historia Jamás Contada
El reciente anuncio de haberse creado una Secretaría de Cultura en el Gobierno federal, ha suscitado el entusiasmo de los intelectuales a quienes, mal que bien, ya les hizo justicia la Revolución. Pero es infundado, pues se trata de una afirmación mayor, intrínsecamente muy difícil de concretar, comenzando por la definición misma de “cultura”.
Y es que hay muchas formas de entenderla, que van desde la “clásica” -de los exquisitos-, como la que en su idealismo –filosófico- trató de difundir José Vasconcelos desde la Secretaría de Educación Pública, hasta la materialista pragmática que considera como tal toda producción humana. Esta última con la ventaja de requerir apenas si de alguna inversión para declarar o, mejor aún, hacer declarar “pueblo mágico” o “patrimonio cultural” material o intangible cualquier asentamiento, construcción, costumbre o hasta receta culinaria lo suficientemente folklórico para ser turísticamente redituable. (“Cultura” para consumo –ajeno-.)
Como aquí las enésimas “maravillas del Mundo” –local colonial, naturalmente- de Catedral, la Capilla del Rosario, Biblioteca Palafoxiana y Teatro Principal, de las que se deshacen en elogios los “cronistas de costumbre”, pero cuya aportación a la cultura de la población es, cuando menos, discutible. Del último, por ejemplo, un alemán recién llegado, profesionista pero gran aficionado a las bellas artes, luego de serle dado un recorrido por su interior, comentó lacónicamente a sus arrobados anfitriones: “Esto no es teatro”. (Si de algo conocen los alemanes es de bosques… y de teatros, precisamente.)
Pero aparte de esta anécdota, más bien familiar, que me refirió un amigo artista, sucedió algo hace unos 25 años que fue público y notorio: la representación a todo lujo, incluso con caballos y elefantes, de la ópera AIDA de Giuseppe Verdi, que unos supuestos “empresarios” anunciaron espectacularmente en medios que les fiaron publicidad, sólo para dar a conocer por estos mismos medios el día de la función, que ésta se suspendía hasta nuevo aviso por probabilidad de lluvia. Nada volvió a saberse de los estafadores, que pudieron colocar numerosas entradas -que llegaron a precios exorbitantes- entre los “cultos” habitantes de la Ciudad, quienes junto a los ávidos anunciantes contemplaron cómo se esfumaba su dinero.
Para los conocedores, fue obvia desde el principio la imposibilidad técnica de montar aquí un espectáculo de tales características, pero la inmensa mayoría no tenía –ni tiene aún- idea de los requerimientos materiales, administrativos, financieros y de personal –artístico, técnico y de intendencia- que entraña.
Sí, cualquier actividad cultural requiere una infraestructura previa o permanente, con la que sólo excepcionalmente se cuenta en un medio subdesarrollado como el nuestro, siendo entonces lo primero elaborar un inventario de recursos antes de lanzar cualquier proyecto, que además será necesariamente diagnóstico porque deberá limitarse a evaluar las posibilidades reales de éxito o implantación –se trata de cultura, o sea, cultivo- de determinada actividad en determinado medio para, en base a resultados concretos, estimar qué hace falta para armar un proyecto definitivo que sea viable.
De otro modo, la “Cultura” seguirá siendo, aparte de la “mágico-patrimonial”, la de concursos de cualquier cosa, aburridísimas mesas de lectura y las ya infaltables premiaciones honoris causa a los “consagrados” de siempre para darse cachet –sello de realeza, categoría-, descuidando sistemáticamente el talento potencial de la población -especialmente la joven-, que con una infraestructura cultural adecuada y accesible, podría descubrirlo, cultivarlo e incluso vivir dignamente de él, enriqueciendo efectivamente la CULTURA de todos.
Imagen: Tallereljineteazul.com
Fernando Acosta Reyes @ferstarey fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.








