Navidad
Minuto a Minuto

21 de diciembre de 2013
¡Pero qué bonita es la época de Navidad! Todos de repente nos hacemos más amables, afables, carismáticos; tendemos a agradecer de todo y hasta a pecar por esos pecadillos capitales que salen a relucir como cada año.

He de decir que adoro estas fechas, no sólo por lo que representa ya sea en su aspecto religioso (que la mayoría celebramos por lo mismo) sino por la parte humana, ese sentimiento de fraternidad (como bien lo dice don Abel Pérez Rojas), sino que es ese momento del año en que podemos ser nosotros mismos y que muchas veces tachan de hipocresía; es éste, el momento cuando nos damos cuenta de que no sólo somos nosotros, sino que también tenemos personas a quienes amamos y respetamos y a las cuáles queremos darles un poco (o un mucho) de ese cariño que les tenemos y que representaremos a través de un regalo.

Y es así como nos pasamos la mayoría de los días decembrinos pensando y buscando cuál sea el mejor regalo para esa persona especial: al principio de forma casual pensando “lo que sea es bueno”, pero al final nos damos a la ardua y desesperada tarea de encontrar aquello que pueda decir que en verdad queremos a esos seres amados.

En China, es toda una tradición y hasta podría decirse que un ritual, el buscar esos regalos que sepamos que harán de nosotros el alma de la reunión navideña. He de decir que en China no se celebra la Navidad como el nacimiento de Cristo, sino que se toma como una celebración tal como el Día de San Valentín. Se adorna todo el lugar y se prepara para celebrar las fiestas al más puro estilo estadounidense (ahora ya mexicano, podría decirse): árbol de navidad, la figura de Santa Claus, villancicos, etc., se han adoptado una serie de costumbres globalizadas como únicas.

México siempre se ha caracterizado por ser uno de los países que más se han aferrado a preservar sus tradiciones y cultura, o por lo menos eso es lo que nos quieren hacer creer los intelectuales orgánicos, a los cuáles les basta con criticar el expansionismo del “American Way of Life” hacia nuestro país. Ahora, pasemos este preámbulo a nuestro país: la gente ha dejado de celebrar las “posaditas”, ahora se confunde el término con simples fiestas para acabar ebrios; se olvidan los platillos típicos y se cena el tradicional y americano pavo, y si no se tiene, se hace hasta lo imposible para tenerlo el día de Nochebuena; se olvidan las tradiciones que la Colonia dejó: asistir a misa, cantar canciones que aludan a la festividad pues ahora se dejan de lado por la mera cuestión de que nos da pena, sin embargo si nos ponemos a pensar es una festividad religiosa.

En fin, el meollo del asunto es que estamos dejando de lado eso que nos identifica como una comunidad, el espíritu de lo que es la Navidad, pues ahora con los medios de comunicación nos bombardean de lo que debería ser para ellos y nos meten en la cabeza la idea de que si no damos el mejor celular o si no compramos el juguete que quiera el niño somos las peores personas o por lo menos nos dejan como los “Grinch”. Debemos enfocarnos en lo que en verdad representa o por lo menos en lo que queramos que represente, sin que la globalización o los medios nos digan, sino que en verdad sepamos vivir éstas fechas con un verdadero amor fraternal y calor de hogar.

Luis Canchola CupichLuis Canchola Cupich es estudiante en la Facultad de Derecho de la UNAM.