Edward Cullen vs Homero Simpson
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Edward Cullen vs Homero Simpson
 
 
Mónica E. Pérez García* 
Para mis amigas…y Rafa


Hace unos meses sucumbí a mi curiosidad y leí los libros de la saga de Crepúsculo. Honestamente quería saber qué era eso que tantas mujeres han encontrado fascinante en ellos.

La historia me atrapó, no lo niego. También me enamoré de Edward Cullen tal y como lo hacía en la preparatoria del más popular de mis compañeros.

Edward Cullen

Vampiro de 100 años atrapado en el cuerpo de un adolescente de 17, Edward es lo que soñamos muchas mujeres por lo menos al inicio de la pubertad.

Es guapo, considerado, muy bien educado, distinguido, serio, misterioso y por añadidura millonario.

Además es respetuoso, el matrimonio forma parte de sus planes a corto plazo y cuida de su amada mientras ella duerme.

Edward no come ni duerme, pero ama a su familia por sobre todas las cosas.

Edward no se impresiona con una despampanante rubia digna de aparecer en Sports Illustrated aunque viva en su casa, es más, la ve como una hermana. 

Su gran defecto si acaso es estar muerto, pero que importa si su talento musical puede compensarlo sin mayor problema.

Hace unos meses, cuando fui a ver Luna Nueva reflexioné  sobre el triunfo amoroso del pálido vampiro sobre el fornido y sexy hombre lobo. O sea, además, se queda con la chica. Claro, él es lindo y noble. Cualquiera se enamoraría de él y de ese corazón tan lleno de sentimientos puros.

Es, en mi opinión, demasiado perfecto…incluso para no ser real. Y pensé, medité, lo consulté en el café con mis amigas, hasta que pude (no sin ayuda de ellas, mis consejeras oficiales) concluir al respecto.

Edward Cullen es un constructo social basado en un ideal masculino tradicional, que conlleva características de héroe, caballero, príncipe, protector y esposo.

Todo aquello que a través de los siglos se ha constituido como “deseable” para una mujer, es parte de la personalidad de este personaje. Como decía arriba, su defecto es estar muerto, pero se compensa con inimaginables atributos contenidos en un solo ser.

Sin embargo,  su gran carencia en realidad es otra. Mucho más aterrizada y chocante que el ser un no-muerto.

Edward fue creado por una mujer y para otras mujeres.

Poco tiene que ver con los hombres del mundo real, con personalidades construidas  a partir de esquemas que exigen de los hombres ciertas actitudes, lenguaje, respuestas y un largo etc. sin los cuales no son aceptados por sus semejantes.

 Los hombres de la vida real se parecen más a Homero Simpson, toda proporción guardada desde luego.

Homero también es un objeto de deseo, Marge ha tenido rivales de cuidado y Homero le ha entregado su alma de tal manera que el diablo no puede quitársela.

Es decir, este hombre poco sexy y al parecer alejado del concepto de ideal masculino, se posiciona muy cerca de los hombres de la vida real y se convierte en un rival digno de respeto ante el prototipo de Príncipe Azul de este siglo, al parecer…Edward Cullen.

¿Por qué?


Porque las mujeres nos enamoramos de hombres reales, afortunadamente vivos y rara vez millonarios. La mayoría poco misteriosos y que si voltearían a ver a una bella rubia si la tuvieran enfrente.

En general, contrapuestos al vampiro que hoy por hoy roba suspiros a las de 15, 20 y hasta 30, los hombres reales, más parecidos a Homero que a Edward  ganarían en las encuestas de popularidad como protagonistas de los sueños y fantasías de las mujeres.

Porque Edward Cullen no existe, los hombres, si.

Mónica E. Pérez García es maestrante en Educación en la Unversidad Marista y psicóloga de formación por la UAM-X

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