Descalzos por placer en el mundo
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RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

11 septiembre 2015

 

- La historia jamás contada -

 

En mis anteriores contribuciones al tema, que han tenido buena acogida entre los amables seguidores de sabersinfin.com, presenté primero una breve reseña histórica, seguida de otra que abordaba específicamente las condiciones materiales del suelo que pisamos: las únicas referencias inmediatas que tenemos tanto calzados como barefooters –del inglés bare, desnudo o descubierto y foot, pie- de esta práctica aparentemente olvidada.

Pero el año pasado, curioseando por Internet, “descubrí” una insospechada cantidad de sitios celebrando la descalcez pública mediante videos y fotografías, y también textos, usualmente autobiográficos como diarios o bitácoras. Así que esta sana costumbre no se ha perdido ni mucho menos, sólo que no siendo difundida masivamente por los medios, es como si no existiera. Aunque no en el imaginario colectivo, donde está presente como deseo no expresado, que he podido comprobar explícitamente durante mis andanzas –descalzas- callejeras. (Por cierto, las palabras “mágicas” que esa noche tecleé en el buscador fueron: barefoot in downtown.)

Se trata entonces de un comportamiento perfectamente social, aunque minoritario, una expresión más de la diversidad cultural característica de las sociedades modernas –aun a pesar de sus gobernantes-, como en materia de religión, régimen alimenticio o incluso preferencia sexual, a la que nadie que no sea un fanático cerrado se opondría, tratando de imponer a todos una en particular –totalitarismo cultural-.

El efecto enajenante de esta censura –consciente o no- mediática sobre el individuo, es un factor importante para que muchas personas se abstengan de andar descalzas por placer, así sea ocasionalmente, pero no es el único. Está toda la gama de racionalizaciones –lo que se presenta como racional pero no lo es- para desalentar su práctica, cuyos “argumentos” van de lo médico a lo legal (¡!), pasando -¡cómo no!- por la urbanidad y el decoro. (Dos prejuicios frecuentes entre la gente “espantada” es que se va descalzo por pobreza o locura –o algo parecido, como embriaguez y, en el “mejor” de los casos, por motivos religiosos.)

Otro factor disuasivo por el riesgo real que representa, son los sujetos que se han dado de alta a sí mismos como “policías del calzado”, siempre a la caza de descalzos para reconvenirlos. Y lo mismo carroñeros de barriada con su compulsiva actitud de agredir o humillar a quienes consideran desvalidos.

Pero con todo, llevar los pies desnudos es algo cada vez más natural en la convivencia diaria, e incluso hay países y lugares donde se ha institucionalizado, como los sorprendentes Barfußparks alemanes, diseñados para disfrutar al máximo la experiencia de estar descalzo y que son una gran atracción turística. Otro país en que el scalzismo ha ganado gran popularidad es Italia, con sus numerosos clubs y donde, como lo expresa el título de un artículo, “Camminare a piedi nudi è sempre più di moda”, aparecido en: max.gazzetta.it.

Nosotros no estamos tan mal, pues no siendo un pueblo puritano que mezcle religión con política y ambas con moral individual, no asociamos las particularidades de nuestro comportamiento diario con grandes consecuencias cósmicas o escatológicas, resultando nuestro medio social un territorio neutral apto para experimentar estos pequeños y a la vez grandes placeres de la vida.

Imagen: barfusspark.info

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey – es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

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