Individualidad y escatología
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20 de enero de 2017

Contrariamente a la extendida aunque apresurada opinión o creencia de que existen valores universales con los que necesariamente todos estarán de acuerdo una vez expuestos,  -las self-evident verdades de la época ilustrada, la evidencia empírica –esto es, adquirida mediante la experiencia- demuestra precisamente lo contrario: que en éste, como cualquier otro campo, la DIVERSIDAD es la regla más que la excepción, pues su validez será la que les otorgue cada sujeto en  particular.

Por eso las utopías de cualquier tipo terminan en el fracaso, tanto las totalitarias que pretenden normar todos los aspectos de la vida de pueblos o naciones enteras –integrismo, fundamentalismo, fascismo, “comunismo” y similares-, hasta las más modestas –en apariencia- que sólo aspiran a establecer un conjunto mínimo de normas básicas sobre las cuales establecer una sociedad viable. (No es casual que la “enseñanza de valores” –morales, se entiende- fuera introducida con la más alta prioridad en los programas de Educación básica durante un Gobierno cuyos mentores y asesores eran clérigos, pastores o equivalentes, formados en el idealismo filosófico, donde la práctica o incluso la MATERIA son sólo accidentes de la existencia.)

Esto es especialmente notorio en las cuestiones escatológicas, las relativas al fin –u origen- último de las cosas, como el sentido de la vida, el “más allá”, el Destino, la felicidad, etc., usualmente planteadas y agotadas dentro del ámbito religioso contra un conjunto de verdades reveladas y listas para usarse –ready made-, generalmente asociadas a rituales específicos cuyas virtud sería propiciar su realización al reconfigurar “mágicamente” las circunstancias que rodean al sujeto.

El problema con estos últimos es que son ajenos a las circunstancias concretas por las que atraviesa el individuo que los adopta, resultando insípidos, mecánicos y, a la postre, inútiles para un proyecto de mejoramiento o crecimiento personal, que llevará a aquél o a pasar de un culto a otro o bien aferrarse fanáticamente a uno, siendo también frecuente que desarrolle una BIPOLARIDAD entre una y otra alternativa.

Visto desde su aspecto complementario, el fenómeno se manifiesta tanto en la radicalización de los cultos tradicionales –el fundamentalismo-, como en el crecimiento de la oferta de nuevos cultos que, más temprano que tarde, terminarán decepcionando al originalmente entusiasta neófito.

La clave para minimizar el efecto de tolerancia –necesidad de mayores dosis cada vez- al redefinir la propia escatología, es fundamentarla desde el interior de uno mismo, de modo que las imágenes trascendentes que ofrezca la nueva ideología, no se aparten del camino por el que empíricamente hemos transitado en la vida, es decir, no renegar de nuestras aspiraciones más sentidas, que están en el fondo de todo lo que hemos hecho,  aunque a veces no tan conscientemente o incluso a ciegas, en favor de una supuesta sabiduría “divina” que sabría más de nosotros que nosotros mismos.

Es decir, crear nuestra propia ESCATOLOGÍA ESOTÉRICA, seguramente una mejor guía -y garantía- para nuestro bienestar íntimo en un futuro objetivamente incierto, sin desdeñar aquellos elementos que nos gusten de las otras. Un avance lógico en una cuestión ciertamente escabrosa.


Imagen: coachingparaelcambio.es

Fernando Acosta Reyes (@ferstarey)  es fundador de la Sociedad Investigadora de lo Extraño (SIDLE), músico profesional y estudioso de los comportamientos sociales.

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