Reflejar nuestro interior (Artículo)
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17 de abril de 2022

 

ConoSER Bien

 

Desde que el hombre observó por primera vez su propio reflejo hemos estado fascinados por las superficies que proyectan nuestra imagen. Prestemos atención a la gente que pasa frente a algún espejo, o alguna superficie pulida que permite reflejar lo que tenga enfrente y veremos que no pierde la oportunidad de pararse y fijar su atención en algún detalle de su aspecto físico.

La palabra espejo viene del latín speculum, formada de specio (mirar) y el sufijo instrumental culum, significando “instrumento de mirada”. Gracias a los espejos, a su fiel reflejo, hoy en día somos conscientes del aspecto que tenemos, nos dan la oportunidad de vernos a nosotros mismos tal y como nos ven los demás. Conocemos nuestro aspecto y vamos viendo cómo cambiamos, pero este hecho no era tan habitual en épocas pasadas.

También los espejos consiguen meternos el miedo en el cuerpo en la oscuridad. Hay la creencia de que se debía cubrir, en la noche, con algún paño cuando alguien moría, porque se creía que los espejos eran como puertas por las cuales las almas podían pasar a través de la lámina y quedar flotando en espacios vacíos. Se sabe que enamorada de Orfeo, la Muerte del poeta entraba por el espejo para verlo dormir.

El espejo es un sistema óptico constituido por una superficie pulimentada, en la que se reflejan los rayos luminosos. Cuanto más pulido o menos poro tenga dicha superficie, más nítida es la imagen reflejada. El espejo para nuestros antepasados tenía una finalidad religiosa y mágica, y se utilizaba de muy diversas maneras.
Las primeras formas de espejo conocidas no eran más que vasijas en las que se recogía agua y se observaba el reflejo. Los primeros espejos fueron de metal (oro, plata, bronce, latón, cobre, acero) y en algunos casos de rocas, como la obsidiana.

Los espejos fueron muy usados en las civilizaciones egipcia, griega, etrusca y romana. Ya en la Biblia en el Éxodo 38:7-9, escrito aproximadamente en el año 1447 a. C., en Isaías 3:23; Santiago 1:23 y el más conocido -1 Corintios 13:12-, se mencionan. Es probable que los primeros espejos de cristal fueran los fabricados por los romanos.

Los espejos actuales no se diferencian mucho de ellos, ya que el cristal que vemos es una lámina que cumple la doble función de proteger contra la corrosión y soportar la fina película de metal.

Se ha dicho del espejo que es símbolo de la imaginación o de la conciencia, ya que tiene la capacidad de reproducir los reflejos del mundo visible en su realidad formal. Algunos autores lo han relacionado con el pensamiento, ya que es en el vehículo mental donde se produce la auto contemplación y reflejo del Universo.

El espejo aparece con frecuencia en leyendas y cuentos reflejando únicamente lo que ve, sin las máscaras que nos ponemos para protegernos. Pero, convertido en algo mágico, este objeto es capaz de proyectar, en nuestra mente, imágenes que ocurrieron en el pasado o que ocurrirán en el futuro, o simplemente ver en el presente lo que está sucediendo en otros lugares.

En la antigüedad, además de relacionar al espejo con el agua, también lo hacían con la Luna, por su condición reflejante y pasiva, pues recibe las imágenes como la Luna refleja la luz del Sol. A propósito de la Luna llena, el sábado 16 de abril de este 2022, se presentó la “Luna de Pascua” o “Luna Rosa”, astro en todo su esplendor. Dicen nuestros antepasados que los mejores espejos son los que se realizan con plata, metal consagrado a la Luna y del que los antiguos creían que era producido por los propios rayos de ésta.

Donde más han destacado los poderes de los espejos es en el arte de la adivinación, en su sentido etimológico de la palabra divinari, es decir, de ejercer la divinidad.

Los dos signos de la divinidad humana, o de la humanidad divina, son las profecías y los milagros. Ser profeta es ver por anticipado los efectos que existen en las causas; hacer milagros es obrar valiéndose del agente universal y someterle a nuestra voluntad.

Algunas culturas antiguas creen que los espejos reflejaban el alma oculta o la verdadera naturaleza de la persona. Esto podría haber sido el origen de la creencia de que los vampiros y los demonios no tienen un reflejo porque tampoco tienen alma que reflejar.

Además de todas las creencias antiguas, los espejos son una herramienta mucho más importante de lo que creemos, ya que éstos se han utilizado con innumerables propósitos, desde para simplemente visualizar nuestra propia reflexión, la seguridad, el entretenimiento y crear instrumentos científicos de gran importancia.

Considero, amable lector, que el conocer esto hará que, de ahora en adelante, al vernos en el espejo, realmente reflejará, de manera consciente, el interior de nuestra alma.



Twitter @jarymorgado
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