Nosotros los viejitos (Artículo)
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17 de febrero 2021


“La expectativa de vida ha aumentado, pero al llegar a la ancianidad no se cuenta con los medios ni con las fuerzas suficientes para gozar de la existencia en plenitud, y es entonces cuando la mera subsistencia puede convertirse en algo peor que la muerte.”
Simone de Beauvoir: LA VEJEZ

Ayer arrancó la vacunación de los “adultos mayores”, eufemismo que ha sufrido transformaciones, deformaciones y malformaciones desde fines del siglo pasado. Primero fue anciano; en el transcurso del siglo XXI se sustituyó por “Persona de la tercera edad”, “adulto mayor”,” en edad dorada”, y el coloquial: “abuelitos”. Hay otros eufemismos más utilizados: "negro" se sustituye por “afrodescendiente”; "indio" evolucionó a aborigen, indígena, hasta llegar (¿pueden creerlo?) a “nativos de pueblos originarios”. Por supuesto que homosexual, afeminado, gay ahora son malas palabras y debemos englobar todos los géneros en Comunidad LGT. A mí, personalmente me gusta que me digan “viejita”, pero creo que sólo en México lo utilizamos como un apelativo cariñoso.
Las noticias proclaman: “Se vacunará en dos meses a toda la población mayor de 65 años”: Demagogia + eufemismo. Aunque no tenemos igual porcentaje de población mayor como en Europa, a raíz del mejoramiento de los programas preventivos de salud, la población mexicana que está a punto de alcanzar el séptimo piso es el 16%, y el INEGI contabiliza la cifra entre 13 a 15 millones. La más elemental aritmética indica que al ritmo que van, esto es irrealizable.
El canciller Marcelo Ebrard, quien mueve las relaciones diplomáticas, habrá firmado como 40 cartas pidiéndole a los países más diversos el sustrato biológico de lo que en términos populares equivale a: “Una vacunita por el amor de Dios”. Han respondido algunos, pero en diferentes contextos: son naciones a las que sus investigadores y gobiernos echaron toda la carne al asador en recursos humanos y científicos, ¿Qué no todo es por amor a la ciencia? De acuerdo, pero el fin ha justificado los medios. Y ellos nos mandaron los “saldos”: lo que está en fase III, lo que como país emergente nos toca de ayuda humanitaria, o lo que puede inclinar voluntades políticas. Así tenemos de chile, de dulce, de manteca y jarochos: remesas limitadas de vacuna china, rusa, hindú, gringa, la británica y contando. No somos los únicos que extendemos la mano, pero si -cómo anunció hoy el presidente- va a pedirle a la OMS que “sean parejos”, es de esperar que se “hagan guajes”. ¿Quién no desdeñaría a una nación en que su líder máximo en lugar de prevenir, con su lenguaje verbal (y ahora el no verbal) alentaron la irresponsabilidad consecutiva a la ignorancia?
Excepciones: veo en TV largas filas de viejitos (ya dije que yo lo soy), para recibir su vacuna y abejeando alrededor de ellos familiares con sombrillas, lunch, medicinas, bufandas, o guardando su ficha para que puedan sentarse un rato. Existe un gran afecto por los abuelos, en algunos núcleos familiares es impensable colocarlos en asilos (para nosotros es sinónimo de orfandad a la inversa). Son personas a quienes sus familias valoran, aún los resguardan en medio de este Vía Crucis de la pandemia. Estos sobrevivientes simbolizan la lucha que ha enfrentado cada familia y es la cara amable de nuestra sociedad. En la otra, la oculta, quedan todos los que murieron en sus casas por el virus, la falta de asistencia, las carencias de todo orden. Ser población con más esperanza de vida, va de la mano en muchos casos con estrecheces económicas y soledad no elegida.
Un millón de personas mayores de 70 años viven solas en España. En Gran Bretaña se ha creado un “ministerio de la soledad”, y dos millones de las personas que viven solas en Inglaterra tienen más de 75 años. En Japón existen empresas que se especializan en limpiar pisos en los que hace días o semanas ha muerto una persona mayor que vivía sola: ¡dos mil quinientas por mes! Un anciano se mantiene -si bien le va- con exiguos subsidios y pensiones. A veces ellos son el único ingreso seguro que tiene la familia para capear estos difíciles tiempos. Cuidan nietos, lavan platos, ayudan en la cocina. Son objeto de maltrato verbal y físico o se vuelven invisibles. Como dice Margaret Drabble: “La longevidad ha jodido a la vejez”. Sólo un 3% de las personas mayores de 65 años siguen igual de activos y productivos como sus homólogos de 40 a 50. Esto tiene mucho que ver con la salud física y mental, además de un entorno familiar y social favorable.
Enfrentamos un escenario nuevo y desconocido, mas ya empezamos a manejarlos cómo el primer mundo: hay familias que van a dejar a sus ancianos a los asilos cuando se van de vacaciones (como a las mascotas con el veterinario), pero después deciden que “está mejor allá”. Sé de varios abuelos con demencia senil, abandonados en la calle, en una gasolinera, en un cruce de vías.
Las acciones de salud se ven permeadas por la ideología de Darwin: supeditadas a las políticas económicas (Johnson, Trump, Bolsonaro y López Obrador) SE ENFOCARON a la supervivencia del más fuerte. Pero presente está Jenner, el médico descubridor de la vacuna antivariolosa, que no patentó porque “pertenecía a la Humanidad”. Para un doctor toda vida es igual de valiosa y no titubea para conceder cuidados intensivos a cualquier persona sin relación con su edad.
¿Qué es una vacuna?: Una medida precautoria. Ni en Shangri-La se puede resucitar a los muertos, pero en este país aún es tiempo de vacunarse contra la estulticia a la hora de votar.

Alicia Flores R. Integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin
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