Proyección
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

En círculos bailaban las parejas,
restallaban sus risas en los túneles
de lobreguez flotante y azufrosa,
y humos amarillentos, malolientes
deambulaban chocando silenciosos.
Los sones y los ritmos inaudibles

hendían las humaredas dispersándolas,
aparecían entonces centuriones
blandiendo y restallando negros látigos,
jaloneando, estrujaban y gritaban:
“¡se acabó; volverán a sus espacios,
a las negras cavernas sinclinales.
Y el ritmo del tropel de las falanges
descuartizó los sones inaudibles,
y se escuchaba solamente el trueno
de las caballerías relinchantes,
el fragor fantasmal de las espadas
y el crujir de los cráneos y los huesos.

Huían al infinito los lamentos,
entre nubes flotaban los gemidos,
la ebriedad tambalenate y sanguinaria
de las cohortes y los centuriones
estallaba su risa vergonzante:
y eran Hitler y Stalin
y Tamerlán y Atila
y Gengis Kan y Sila
y Mussolini y Bismarck,
y los Pol Pot y Maos
y Cortés y Valdivia,
y los Churchill y Díaz,
Catalina la Grande,
Catalina de Médicis;
y era Iván el terrible,
y era Margaret Tatcher,
y Borgia y Torquemada
que surgían de los círculos
que éramos tu y yo.
Y era la raza humana
abominando a Cesar,
pero endiosando a Cesar,
maldiciendo a los Churchill,
y adorando a los Churchill;
imprecando a los Hitler
e idolatrando a Hitler.
Y éramos tu yo
la raza de los Hitler,
y la estirpe de stalin
cargando en nuestras venas
la sangre de los Bismarck
los Himler y los Goebels,
los Tamerlán y los Atila.
Y éramos cada uno
Catalina la Grande
cada uno la Tatcher,
cada uno Nerón,
cada uno Calígula,
cada uno Heliogábalo,
cada uno Pizarro,
y Felipe segundo;
cada uno Fugimori,
cada uno Bus y Reagan,
cada uno Somoza,
cada uno Amin Dada,
Mobutu Zeze Seko;
cada uno Santa Ana
y Victoriano Huerta;
cada uno la vida,
pero también la muerte.
Cada uno gemía
por el dolor sufrido,
cada uno golpeaba
al que estaba a su lado.
Cada uno gritaba:
¡eres la perversión!;
cada uno insultaba:
¡encarnas la violencia!
Nos escupíamos unos a los otros;
bebíamos nuestra sangre mutuamente.
Y formábamos luego muchedumbres
que al fragor de la bomba destructiva,
en hombros vitoreábamos a Shwarkopfs,
a Hussein, a Hun Lieu;
a Napoleón y a Barba Roja.
Cambiábamos la máscara del júbilo,
y vestíamos la máscara del llanto
maldiciendo a Nerón y a Mussolini,
y tornábamos luego a destrozarnos
el rostro, a devorarnos las entrañas.
Gritábamos: ¡te voy a esclavizar!
Y enseguida lanzábamos cada uno
el grito plañidero: ¡libertad!...

Y un demonio cruzó
huyendo a vuelo,
y entornando los ojos aterrado
gritó desesperado, interrogando:
¡¿y a mí, quién me libera?!
Estoy en cada uno de vosotros,
Cada uno de ustedes me maldice
Y me ha nombrado:” EL MAL.”

Y un sabio de este siglo,
con voz tranquila y suave,
(que es la voz de la ciencia)
expresó lentamente
enfrente del demonio,
pero mirando a todos:
(como lo hace la ciencia)
eres mi proyección,
y eres la de mi hermano,
la de mi compañera,
y serás la de mi hijo,
y la de mi vecino
y la de mi enemigo;
igual como lo fuiste
para el neandertalensis
y como lo serás
en el año tres mil
para la raza humana.
No olvides: PROYECCIÓN.

Ricardo Montes_de_Oca

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.

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