Marineros torpes
Minuto a Minuto

Fuimos torpes marineros
extraviados en el mar;
fuimos náufragos perdidos,
cada uno de los cuales
encontró un trozo de barca,
navegó hacia la deriva
y enfilo con rumbo incierto
hacia quién sabe que rutas.

Fuimos tristes navegantes,
ignorantes de la ciencia
de cruzar las aguas bravas,
de esquivar los arrecifes,
de sortear furiosas olas,
de prever los huracanes
y prevenir sus efectos
para preservar la vida.

No aprendimos que el océano
es un ente indiferente;
no entendimos que se salvan
de perecer en su seno,
azotado por los vientos,
sólo el pez o la ballena,
los pulpos o las anguilas,
los grandes depredadores,
sobre todo el tiburón,
o los ágiles delfines.

Nosotros, aves in rumbo,
y con las alas cortadas,
ansiosos de navegar,
tan sólo sobrevivimos
por el madero podrido
que ya a punto de partirse,
nos dejó en algún islote,
o tal vez en una playa
inhóspita y arenosa,
desértica y apartada.

El naufragio fue total:
la barca despedazada,
los horizontes perdidos,
la ruta sin fin, sin norte,
sin brújula, ni astrolabio,
y el cielo obscuro y cargado
de huracán y tempestades;
no quedó, sino el acaso,
y un elemental deseo
de poder sobrevivir.

¿Encontraste algún islote,
alguna playa desierta?
¿lograste el puerto soñado?
no deseo conocer
cual fue tu sino o tu suerte,
pues igual me dolería
cualquiera de esos destinos:
el islote no es ventaja,
sólo andarás dando vueltas
en busca de compañía;
sufrirás, y eso me duele.
Si fue la playa desierta,
tal vez llegue allí otro náufrago
con quien puedas platicar
acerca del paraíso
cerca del cual estuvimos
pero no reconocimos,
porque nos lo dibujaron
con colores que no existen.
Y eso también será triste.
Si, por fin, llegaste a puerto,
repleto de marineros
donde puedas encontrar
algún ducho navegante
con quien emprender un viaje,
me dolerá no haber sido
piloto conocedor
de los secretos del mar,
del océano empedernido
que bajo un cielo bruñido
o encarando nubarrones
juega con vida y destinos
de los torpes marineros
que creyeron conocerlo,
y sólo se aventuraron
para quedar encallados,
si acaso, en alguna roca,
o como aves de los bosques
que no saben de los mares,
solas, con las alas rotas
y sin mayor esperanza
que, al arribar la marea,
ser dejadas en la playa,
en la que algún peregrino
tal vez cure sus heridas,
y les muestre que la vida
no es como te la dibujan.

Ricardo Montes_de_OcaRicardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.