Los disparos
Minuto a Minuto

Por la estepa pensativa
entre afligidas canciones,
entre metálicos sones
de las campanillas de oro
armónicas como un coro
que adornaban los corceles,
se rompían las ilusiones.

A lo lejos, sonó el eco
de un disparo sordo y seco;
cayó una cabalgadura
y se escuchó la voz dura
del cochero maldiciente:
“¡Diablos!, llegó de repente
lo que menos esperaba:
el final de este camino
que no llevaba destino,
que se dirigía al acaso,
al azar, hacia el ocaso,
pero no del sol muriente
sino del desfalleciente
cariño, de la pasión escondida
que ahora ya, desfallecida,
no tenía mas esperanza
que una triste malandanza
muda, sin meta ni tino,
sin la canción, sin el trino
que allá en los tiempos ya idos
arrullaba mis oídos
y me acariciaba el alma,
hundida en profunda calma.”

Y mientras las añoranzas
mataban sus esperanzas,
el cochero malandante
se desprendió del pescante
con el pecho malherido,
el ánimo entumecido
y el pensamiento perdido.

Y en los últimos destellos
de la razón , unos bellos,
oscuros, brillantes ojos,
mostrando fulgores rojos,
entre reflejos cetrinos
silenciosos y asesinos
hicieron su aparición.

Ellos fueron los disparos,
los dos balazos certeros
que asesinaron al hombre,
y al caballo: la ilusión.

Ricardo Montes_de_OcaRicardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.