Reincidente me he llamada
durante la noche turbia;
reincidente me he sentido
durante los torbellinos
que van arrastrando espumas,
lodos, mareas, polvaredas
venidas de lo profundo
de los estériles tiempos
y de los estériles tiempos
y de los hondos abismos,
en donde los cataclismos
barrenaron el cerebro,
trepanaron las esclusas
que protegían la mirada
que se dirigía hacia afuera,
y dejaron descubierto
el túnel de lo profundo
en el que estaba guardada
la visión de un infinito
al que no tenían acceso
la nueva imagen surgida,
ni las nuevas intenciones.
Allí donde los ciclones
ululaban incesantes;
allí donde el remolino
que te arrastra por el mundo
te convertía en nazareno,
en trapo sin redención;
en ese rincón perdido,
de un obituario sin fecha
con su estructura deshecha,
el reincidente miró
surgir desde la hondonada
la fantasmal carcajada,
la ronda de estupideces
que venían encostaladas
en un huevo de serpiente
con miles de viboreznos.
Zumba, vestida de luto,
la tromba del torbellino
arrastrando en remolino
lo pútrido y maloliente,
lo que carcome la masa
surcada por mil caminos,
y convierte en asesinos
los ingenuos pensamientos
que matan los sentimientos.
Ahora estoy como al principio
pero con signos adversarios,
durante la noche turbia:
caminando por lo obscuro,
resbalando en lo viscoso
en busca de redención.
Por eso zumba la tromba
y se agitan las murallas
con su líquido salobre,
en cuya entraña se baten
cetáceos y mantarayas;
por eso busco refugio
en las arenas negruzcas
y encallo entre farallones
en donde los tiburones
dejaron sus osamentas.
Así voy: enemigo de mi mismo;
Así nado: tragado por el abismo
que me vuelve a vomitar,
me salva de naufragar
y me azota indiferente,
porque soy
reiterante que debate
en un constante combate
en el que no hay adversario
con quien combatir a diario;
en el que no hay enemigo,
solo yo, como mendigo
con su báculo podrido.
Así marcho: escapando de la lluvia
por los desiertos de Nubia;
así ando; por los eriales remisos
huyendo de los granizos;
así sueño; que nunca me he de escapar.
Esto es un sueño maligno
en el que está escrito un signo
cuya señal es de vida
que me resisto a sentir
porque me he soñado muerto.
Y vivo, y he de vivir
Contrario a mis intenciones.
Están los núcleos esperando
La mutación de decisiones;
¿A que desear
la obscuridad total,
si soy mortal?
Ella vendrá,
sin falta llegará;
no valen los deseos.
Contra ellos, con ellos,
ella me cubrirá.
Carece de sentido
apresurar lo ineluctable.
Aquí está lo palpable,
aquí es donde agonizas,
aquí están las caenizas
de tus oráculos perdidos,
los que te dieron vida
y para ella te armaron.
Recobra esos designios
las primitivas intenciones,
de los que sin nociones
de filosóficas razones,
fueron naturaleza
que se niega a morir,
y busca renovarse
ante si misma,
a despecho del vástago remiso
que pretende cortar
el hilo de vivo.
Pero el vástago entiende
que se escinde y se hiende,
se divide a si mismo,
y va con dos figuras;
una, la que mira hacia el sol,
la otra, la que ve hacia la noche
sin derroche de estrellas,
ciega y embarazada
de ámbitos sin sonidos.
Y va llegando la resignación,
y van apresurando sus pasos inseguros
los mensajeros ya maduros,
los anunciantes de una nueva savia,
la que porta pendones
en los que están las intenciones
de ser, prevalecer,
a despecho del signo prematuro
que quiso en rebelión a lo futuro
dejar de ser, prevalecer...
Y el vástago murmura
sin sombra de dulzura;
¿He de prevalecer?
¡que sea!
Ya nada he de perder.
El abismo no escapa,
y si hoy no te atrapa,
en el día de enfrente
cumplirá indiferente
y sin que tu te esfuerces
su intención sempiterna:
quitarte la linterna
con que vagaste en las tinieblas
porque nunca quisiste que brillara.
No hay por qué apresurarse;
al final, todos llegan.
Ninguno se ha rezagado
sin arribar al punto destinado.
Tu también llegarás,
no antes, no después,
sino en tiempo preciso,
el tiempo sin fronteras
por donde vagan las esferas
que nada saben de delirios
atestiguados por los cirios
simbólicos y vacuos.
¿Qué harás tu, reincidente,
repetidor de ritornelos
contra ilusiones, contra anhelos?
Acatar las dos leyes;
la que dejaron en legado
los que estuvieron antes y se fueron,
y la que está siempre expectante
en su forma constante
y no tiene final
porque después de ella,
antes de ella,
no se encuentra la entrada
y no existe salida.
Serás su prisionero para siempre,
si es que el hablar de “siempre” tiene caso.
Serás eternamente lo que fuiste;
ignorancia total;
no pensamiento,
no conocimiento;
no angustias ni ansiedades,
no males ni bondades,
no ciencia,
no conciencia,
no deshonor y no indecencia,
no vivo, sino muerto,
colono de un desierto
sin voces,
y sin goces,
sin sufrimientos,
sin tormentos,
sin luz, sin llamaradas,
sin las sonoras carcajadas
que en ratos de jocundia hacías sonar.
Ese es el cuadro,
que no es nada,
porque la nada no se aviene
a la imagen que tiene
lo que llamas conciencia.
Pero es la tétrica pintura,
la lúgubre escultura
que configuras, es la urdimbre,
la trama, la armazón
que busca la razón
tratando de explicar lo inexplicable.
¿Tiene sentido, acaso,
desde el amanecer buscar la noche?
Ella vendrá sin falta,
sin que nadie la invoque,
sin que a su puerta toque
ningún mortal desesperado.
Mejor es resignarse.
¿Por qué desesperarse?
Mejor tomar conciencia
de que el camino existe,
y habrás de recorrerlo
puesto que apareciste;
y mejor es hacerlo
con el brío de los potros salvajes,
y con la turbulencia que en los altos parajes
desatan las corrientes de los ríos;
mejor es que te digas
cuando estés en los hoscos umbrales,
que anduviste cargando tus males,
que arrastraste incontables penurias
y múltiples furias,
pero las dejaste,
las abandonaste
como lastre que impedía volar
una madrugada de luces brillantes,
guiños incesantes,
que invitaban, con toda inocencia
a mostrar,
sostener tu presencia,
y esperar
sin temor ni impaciencia
lo que viene
y no se detiene,
lo que llega porque ha de llegar.
Pesimismo
que se vuelve optimismo;
amargura
que se vuelve cordura;
un marasmo
que se vuelve entusiasmo;
ilusión de vivir,
emoción de sentir.
Y no más,
para siempre jamás.

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








