Hoy me transfiguré;
llegué hasta el borde de un celaje,
recorrí los espacios ambarinos
y contemplé el vacío de los ocasos.
No estaban ya,
y es que no existe;
yo les doy forma en mi pupila
herida por las luces vesperales;
los configuro en mi cerebro
acogiendo las formas y matices
de las nubosidades
que filtran el fulgor de los colores:
fotones asustados o excitados,
viajeros del espacio, compactados
a fuerza de volar despavoridos
desde el astro que brilla en mis mañanaHoy me transfiguré:
me convertí en el ente vigilante
de mi propia conducta,
de las oleadas de mi pensamiento,
del dolor y el tenaz retorcimiento
del neuronal torrente enceguecido
que viaja desde un centro obscurecido
en el que no hay la luz,
ni existe el ruido
llegado desde el trueno o el oleaje.
Me contemplé a mi mismo en acechanza,
en espionaje responsable,
dispuesto a registrar
las oleadas del caos
que poblaba la esfera pensadora,
abrumada de hastío y añoranza
de lo que no ha de ser porque ya fue.
Hoy me transfiguré,
me dije que en las áridas regiones
por las que tanto deambulé,
quedaron mis ayeres
que no debían contar
porque maculan
lo que llamamos “hoy”:
la dimensión que marcha hacia el “mañana”,
el objetivo inalcanzable
en el que nunca mas me encontraré.
Allí no está mi casa,
ni en mi “ayer”.
Estuve en el pretérito,
estaré en el futuro;
pero estoy en el hoy.
No estoy en el “ mañana”,
Tampoco en el “ayer”.
Todo lo que realizo
lo hago en el “aquí”
y nada más aquí.
“Aquí”, está, donde estoy;
donde no, es “allá”
allá estuve, tal vez;
pero entonces fue “aquí”,
y así será por siempre:
aquí y ahora: tiempo;
ahora y aquí: lugar.
Tiempo y lugar presente.
Hoy me transfiguré,
me convertí en espejo de mi mismo;
me llené de conciencia,
de noción de mi ser;
traté de ver los entresijos
de circunvoluciones y cisuras,
formadas en obscuras,
ocultas dimensiones
a las que no llegaba
la mirada concreta,
y descubrí que no fue en vano
desalojar la herrumbre
de las fibras nerviosas;
descubrí, finalmente,
que lo que cuente en el “mañana”,
convertida en el “hoy”
y transformada en el “aquí”,
será la calidad
de lo que hoy construya,
de lo que hoy invente,
de lo que hoy conciba
para vivir allí,
a donde arribaré
con el bagaje de este día
en el que vivo,
en el que puedo hacer conciencia
del porque del tormento,
de lo que causa mi alegría,
o de lo que me asusta
y provoca agonía
en la mirada y en la voz:
que es el grito y el eco
de lo que fui en “ayer”,
de lo que son en “hoy”,
lo que seré en “mañana”.
Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








