Luna,
Que mes ves amargado,
Golpeado,
Triste y desesperado
Sol
Que me viste, yo infante,
Por aquellos lugares
Del ubérrimo trópico,
Desconocidos para mí,
Donde tú me enseñaste
Que estar bajo tu égida
Era sobrevivir.
Estrellas
Que conversaron con mis ojos,
Con sus destellos,
Con su luz
Venida desde ese antro,
Caverna sin medida,
El Cosmos providencia,
Ese sí,
Gracia al cual estamos,
Porque él
Es el padre gigante,
Vigilante
Emisor de designios
Que están en nuestra herencia
De la que no sabíamos.
Y por eso
Andamos como ebrios:
Adivinando nuestro origen.
A vos Luna y Estrellas,
A vos Cosmos y sol,
Os reconozco como Madres,
Os miro como Padres.
Y me alegra,
Me regocija en infinito
Porque se
Que de su seno no saldré.
Y en el continuaré
Con lo que me da forma y consistencia:
Los elementos maravilla:
Oxígeno y carbono
Y los que están como auxiliares:
Hidrógeno y azufre,
Calcio;
Fósforo y aluminio.
¡Polvo, tierra!
¡Dirían! con menosprecio
Los rústicos ignaros,
Pura tierra. ¿Qué más?
Pero yo se que no es tan simple
El reconocimiento
De su presencia cotidiana.
Se que están en el aire,
Se bañan en las aguas
Del imponente océano
Conversan amigables
En la hierba, en los frutos;
En el agua que bebo
Para calmar mi sed;
En la gramínea
Que alimenta:
En el trigo que da
Al pan de cada día,
En el maíz
Tan simple,
Tan silencioso y tan humilde.
Y me pregunto:
¿Todo esto
De donde viene finalmente?
Y el otro,
El que se oculta en mi interior,
Me dice misterioso,
Y me alecciona:
Si el planeta
En el que vives y deambulas,
En que el ríes y gozas,
En el que muestras el asombro
De pensar y crear,
De andar siempre danzando
Con la conciencia como emblema;
Si ese plante y las estrellas,
Si ese sol que te alumbra
Y le da vida,
Al humilde maíz
Son parte de ese Cosmos
Al que le rindes homenaje,
Entonces, ya no hay duda:
El es Padre y es la Madre.
Los otros fueron solo los empleados,
Los que contribuyeron
A que el carbono y el oxígeno,
El calcio y el nitrógeno,
Tomaran esta forma,
La que te identifica y dignifica,
La que luces a diario
Tan orgulloso y satisfecho,
Con el gusto y la dicha
De haber estado en este mundo,
En calidad de hijo
Del Cosmos colosal,
Monumental y arcano
Al que ahora le cantas
Con humildad y con tristeza,
Porque no puedes abrazarlo
Para decirle ¡Gracias Padre!
Porque me diste cuerpo,
Y me diste CONCIENCIA,
la maravilla que, quizás,
Sea lo más grande que hayas creado.
Ricardo Montes de oca, Puebla, Pue., 26-3-2014
Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








