Así andamos
Minuto a Minuto

La bruma
En las conciencias,
La niebla en los espacios-nido
Del pensamiento-cuna
De las visiones horrorosas;
La calina en las venas
Portadoras de savia
Hacia la caja donde moran
Incorpóreos, los entes
Guías de las acciones;
Los vapores etéreos
Que nublan intersticios
Y dimensiones de la mente,
Nos nublan,
Nos devastan y ciegan, nos condenan
A vagar en lo oscuro,
En ambientes sombríos,
Lóbregos e infecundos.

Por eso caminamos
Como caballos sin cerebro,
Como elefantes sin mirada,
Como rinocerontes escapados
De cuevas clandestinas.

Por eso vamos dando tumbos,
Tropezando y buscando
Con el extremo de los dedos
Las paredes que, mudas,
Sin embargo, nos digan: aquí estoy,
De aquí no pasarás.

Nos ponemos contentos
Porque reconocemos
Que allí, ya no hay abismo.
No lo hay, de verdad,
Pero tampoco hay más allá;
Tampoco hay la llanura,
Las anchurosidades;
No existen vastos valles
Ni praderas extensas.

Y no es que todo ello
Carezca de presencia. Todo existe,   
Pero no lo miramos
Con percepciones interiores.
Antes corremos
Hacia los de sotana,
Hacia los que se dicen
Iluminados, consagrados
Por quién sabe que incógnitas
Ficciones de otras mentes.

No hemos podido comprender
Que cada uno de nosotros,
Posee dos mitades
De masa sustancial
En esa arca,
Que si no fuera por que está
O porque la traemos
Repleta de basura,
Sería para nosotros un joyero,
El estuche para guardar diamantes.

Dos mitades, dos medios universos;
El primero, para reflexionar,
El segundo, para inventarnos mundos
Que sean liberaciones
De dolores y angustias,
De pavuras noctámbulas,
De furias constructivas.

No hemos podido comprenderlo,
Y por eso, desperdiciamos el tesoro,
Esa herencia que se gestó en los mares
Primigenios, originarios
De la savia plasmática,
Y nos trajo en obsequio  
El antropoide despreciado,
El que nos horroriza
Porque con su presencia
Nos dice: soy el emisario
De la primera larva
Que portó en organismo,
La primera dendrita.

No hemos podido comprenderlo
Y andamos, invidentes vergonzantes,
Presumiendo de nuestra oscuridad,
La que cargamos como emblema,
Como bandera o gallardete
En el que hemos inscrito
La consigna más vil,
Más ominosa, más aciaga,
Más adversa y siniestra:
¡Viva la oscuridad!

Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 18-10-09

Ricardo Montes de OcaRicardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.