“Yo le tiré un balazo al secretario de Defensa, pero yo quería matar a Gustavo Díaz Ordaz”
Carlos Castañeda.
desheredado de la cordura
sin casa y sin fronteras para soñar
conminado desde hace años a desaparecer
como un elemento de lo absurdo
he dejado de proyectar mi piel
de lo que bajo sus zapatos aplasta
mi persona no es a sus pies
febril Dios me orienta a herir la voluntad
que lleva al pueblo a la vileza
en las baldosas de la plaza
la sangre dibuja lapidas sin nombre
el otoño sopla aliento de moribundo
como el Arcángel San Miguel
puse el motivo encima del demonio
la amenaza fue burlada y mi hombría hecha nudo
el tiro proyecto una órbita y se confundió el mensaje
a rastras fui llevado a la mesa de los escrutinios
de Pilatos a Herodes sin ley ni juicio
los hombres del poder hicieron componendas
apostaron mi mundo en la noche de los aplastamientos
la moneda del tedio mostro en sus caras la irrisión
y sin embargo se asustaron
me escondieron en las galeras de lo incomprensible
indicaron psicotrópicos para dormir al inconveniente
lejos del sol los tonos son sepia
paradoja que en vano confunde al destino
entre muros crecen arboles que hablan todos los idiomas
en las bancas del jardín se agota un hombre
sin rostro sin labios
enfilado a los desertores de la palabra de Dios
me atreví a desafiar al sigiloso hambriento Luzbel
la flacidez de su coraza estriada deja ver la mentira
se enfrentó lo oscuro y la claridad
olvidando que la verdad es casta
todo cambió para seguir igual
estacional o flemática
la calle es para cualquiera…
la indigencia es inamovible
detrás de la vida soy libre.
Leticia Díaz Gama es escritora residente en la ciudad de Puebla, México.Facebook Social Comments








