A cuál mundo dirigirnos,
En cuál de las esferas solitarias
Que vagan en silencio por el cosmos
Asentaríamos nuestra planta;
Cual sería la misión, la razón o el designio
Que nos enviaran hasta allá,
A miles de millones de kilómetros.
Todavía no lo entiendo.
Se que nos preparamos para ello,
Pero entenderlo es más difícil.
Me asalta una pregunta:
Cuando emprendamos ese viaje,
Con intención de allí quedarnos,
¿Habremos ya cambiado nuestra esencia?
¿O, llevaremos lo mortífero
De nuestras emociones,
De todas las acciones
Que, en el momento menos esperado
Estallan como boca de volcán?
¿Nos habremos librado de ese virus,
El de la destrucción?
¿O, seremos agentes de contaminación
En mundos donde reinan
La calma, la quietud,
O, a lo mejor, la efervescencia
Propia de sus reacciones
En el terreno de lo químico,
Las áreas de lo físico,
Zonas de lo geológico;
Formas de movimiento
Para centrar los equilibrios
Que les permitan continuar
Formando parte de linajes
Con marchamo de lo cósmico?
Pero, donde no existen las pasiones
Que en el cerebro humano,
El habitante de la tierra,
Son el motor relacional;
Pasiones destructivas,
Corrosivas,
Más que los ácidos creados
O los que se generan
En los ambientes de tinieblas
De las entrañas de la tierra.
Allí no existe el odio,
Tampoco la mentira,
La ambición desmedida,
La envidia corrosiva,
El afán de matar,
El orgullo malsano
De destrozar entrañas,
Y de triturar huesos.
Llevaremos todo eso,
Y no se cuántas cosas más.
Nuevamente la guerra,
Los argumentos deleznables
Como justificantes para ella.
El dolor, la malicia y el cálculo,
El sufrimiento de los mansos,
De los que no han pensado nunca
En andar cabalgando sobre monstruos de hierro,
Que van por sembradíos
Aplastando las mieses,
Asustando a las bestias de los bosques
Resquebrajando cráneos inocentes.
Con esas credenciales,
¿Tiene sentido, andar incursionando
En las entrañas de otros mundos?
Los invasores de planetas
Responderán que si.
No pueden, de otro modo,
Pensar, ni razonar.
No conciben el mundo
Sin causar destrucción;
No conciben un viaje
A remotos confines,
Si no han de causar daños,
Si no han de provocar
Estragos y miseria.
Por eso desde ahora,
Preparan bastoneras,
Tamboreros, fanfarrias
Para anunciar a las bacterias,
Si es que allá las hubiere,
Que ¡llegamos!,
Con cañones, llegamos,
Con bombas, arribamos,
Con laser y con maser,
Con gases, dinamita,
Con la intención de demoler,
Para después construir,
Volver a derribar,
Erigir nuevamente,
Demoler…
Diremos al llegar:
Aquí no hay seres racionales;
Aquí no existen bosques,
Ni lagos ni lagunas;
Lo crearemos.
Y luego, alegremente,
Los tomaremos como blancos
Para que fortalezas volantes y rampantes
¡Apunten sobre ellos
Y se arme la gran fiesta!
¡Que así sea!
Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 15-3-07
Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








