La descubrí una noche
Tendida en la hojarasca:
La mirada perdida,
El cuerpo desvaído;
La voz sólo un remedo.
Me dijo: soy la vida
Que imaginaste en otro tiempo;
Así me viste, me ensoñaste.
Me sorprendí: ¿¡Así la imaginé!?
Ella intuyó mis pensamientos
Y comentó: es verdad;
Así me imaginaste.
No te atrevías, no querías
Violentar ese mandato
Por oculto y misterioso,
De ser solamente un triste,
Un errante, un descarriado
Un perdido vagabundo.
No debías de traicionar
Tu origen, ni alejarte
Del paisaje primario.
Tú, tenías que ser fiel
A la miseria y a los andurriales.
Los sueños de ser grande,
De ver brillar entre tus dedos,
Los metales preciosos,
Los diamantes hermosos,
Las perlas de los mares,
Debían quedarse en eso
En sueños de mansarda,
Que, aparte de ser sueños
De por si nada cuerdos,
Menos podrían serlo
Como forma de vida,
Y menos todavía,
Si te habrían alejado
De las buhardillas y jacales,
En una acción de renegar
De lo que fueron tus orígenes.
Me quedé pensativo:
Y luego dicen
Que tú eres el dueño de tu propio destino.
Más tarde me di cuenta
De que ese pensamiento
Es puro desatino.
Lo que cuenta por siempre,
Es la marca primaria,
Lo ni siquiera dicho
Como consejo o como orden,
Sino el programa diferido,
Aplazado para la época y el día,
En que tendrás que decidir
Cuál deberá de ser el plano
De orientación existencial.
Si tú estás en lo cierto,
Comenté, ya con brío,
Empiezo a comprender
Que la existencia en pleno
Es un desiderátum.
Y de acuerdo con esto,
El ideal es lo que anhelas
No porque el dómine irritado
En sus lecciones cotidianas haya dicho:
Hay que soñar en alcanzar
Los máximos peldaños de la vida.
Sino porque el principio
Y el fundamento de los sueños
Ya viene acompañando
Desde el primer instante,
En qué escuchaste:
¡Es un regalo encantador!
Y será un triunfador.
Si los sonidos iniciales
Los que escuchaste de recién llegado
Tienen matices lóbregos
Que te envíen el mensaje
De que viniste a ser un fardo más
Para los anfitriones,
De ese mensaje arrancarás
La caminata por la vida.
Si después te repiten
Como salmo de iglesia:
Tienes que progresar,
Debes tener ideales,
Esforzarte, llegar
A los más altos pedestales,
Te esforzarás, sin duda, una vez, y otra vez,
Más siempre acabarás
Contemplando el camino
Sin poder transitarlo
Como te lo indicaron
El dómine irascible,
El bien intencionado,
La mujer de tus sueños.
Incluso, si te esfuerzas
De acuerdo con la cita
Del hombre célebre e insigne
Ilustre y eminente,
Te quedarás con la mirada
Clavada en lontananza
Porque en ti pulsa, y late
Cada momento, cada instante,
Lo más antiguo, lo primario
Por negativo que esto sea.
Al fin y al cabo, es el desiderátum:
El sueño primitivo, el anhelado,
El que dice: yo soy
La primerísima mirada,
La primera caricia si la hubo;
O el primer grito destemplado,
El primer golpe malintencionado
La primer orden perturbada,
El primer suelo duro,
El primer alimento desabrido,
El primer gesto huraño.
Ahora entiendo porqué
A veces me remuerde la conciencia
De tener una cama
Que ya no es una estera
Desgastada y mezquina,
Un petate, un costal;
De tener un bocado
Que alegra la existencia cada día,
O tener una prenda
Que me de dignidad.
Y es que, nada de ello
Es el desiderátum,
Sino la orden primitiva,
Que te soplaron al oído
Sin la menor conciencia
De que así te marcaron
Para todo el camino:
Vivir de pordiosero,
De ladrón y asesino
O demagogo y mentiroso.
Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 10-6-2012
Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








