En el fondo, la luz
Brillaba intermitente
Como haciendo señales.
Con los ojos insomnes
La miré en desconcierto:
¡Cómo la luz osaba
Hacer complicidad
Con mi adversario!
El odiado enemigo,
El que todas las noches
Me atormentaba ferozmente.
La luminosidad, indiferente
A mis enojos y sospechas
De estar en contubernio
Con ese, mi contrario
El que me atormentaba cada noche,
¿Le estaba haciendo señas?
¿Qué le decía con ellas?
¡Ah!, comprendí que entre los dos,
Entre la luz y mi desvelo
Habían firmado un pacto:
No dejarme dormir
Ni un solo instante.
Mas tarde comprobé
Que no me equivocaba.
La noche misma
De mi descubrimiento,
Lo pude comprobar:
Infatigables peregrinas,
Las horas, se alternaban.
Pasaban: una, otra,
Cinco, seis, y los párpados
Continuaban su etapa vigilante:
Arriba, alerta sin perder un detalle
De los descubrimientos
Que hacían las peregrinas.
En derredor, todo callaba.
No el silencio, que, suave,
Me murmuraba: ¡Estoy aquí!
Cuidando tu desvelo.
Cuando yo hice conciencia
De esa su deferencia,
Le agradecí sus atenciones.
Más tarde comprendí
Que su mensaje iba
Muchísimo más lejos
Que el aquietarme solamente.
Cuando al fin lo entendí
Mis ojos se inundaron,
Más de ternura
Que de alegría y de contento:
Comprendí que su celo
Consistía en cuidar de mi desvelo.
En realidad, era un mensaje
En el que me decía:
Tú trata de escucharme;
No maldigas la luz,
Ni temas al desvelo.
Escúchame, no más.
Yo te traeré el consuelo:
Calmaré tus sentidos,
Tu ánimo ofuscado,
Tu angustia y tu zozobra,
Y dejarás de ver
Las horas transitar
Indolentes y apáticas,
Más que tranquilas y serenas.
Verás, tornó el silencio
A llamar mi atención:
Si tú me escuchas
Te palpará el sosiego,
Y te acariciarán
La luz interna y la conciencia
De que tal vez la nueva aurora,
Te acarreará sorpresas
Inesperadas, como son,
Entre las cuales
Vendrá la comprensión
De que no todo el universo
Se confabula contra ti.
El tiene otras tareas
Más que atender a una partícula.
Quizás hasta te mire indiferente.
Contra ti, se levanta tu pasado,
Pero ese, ya está muerto. Y sucede,
Que andas cargando su cadáver;
Este te aterroriza porque crees
Que el puede más que tu.
Y cierto: él convoca al desvelo
Y corteja la luz,
Pero la artificial.
Y esa, no cuenta.
Sí, la que está dentro de ti,
La que no juega ni anda parpadeando.
Porque es firme y ha dicho
Que te acompañará
Hasta que a ti te alcance
La oscuridad total.
Pero de aquí a entonces
Aun queda un lapso grande:
¿Diez meses, veinte años?
Carece de importancia.
Lo que importa es vivirlos
Sin pesadumbres ni congojas.
Así dijo el silencio
Convertido en sublime confidente.
Y me tranquilicé.
Cavilé despejado, y concluí:
Eso es sabiduría. ¿Un tesoro?
Indiscutiblemente.
Y me la dio el silencio.
La luz se estuvo quieta,
Y el desvelo se huyó.
Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 20-10-2012
Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








