No quiero, no quiero, ¡no quiero!
Mirar a los vientos;
Preguntarles cuál es su destino,
O cual su principio.
No quiero, no quiero, ¡no quiero!
Mirarme en las fuentes,
Preguntarles si luzco sereno,
Informarles que voy de camino,
Indicarles sin que ellas lo pidan
Que no ando buscando
Consuelos, ni penas:
No vuelvo a lo antiguo,
No miro hacia atrás;
No por reconcomio,
No por inquietud,
No por impaciencia,
No por titubeos,
Ni dudas tortuosas,
Ni remordimientos.
Debo confesarme que soy reticente:
No quiero sentir ni escuchar a los vientos,
Si antes no resuelvo
Sin interrogarlos, hacia donde van.
Antes bien, quisiera hacerlos amigos,
Poder comentarles que al igual que ellos,
Tengo mi secreto que a nadie confío;
Que busco la calma, pero tengo prisa
Porque necesito revivir lo negro,
Lo desgarrador.
Y así, conocer, si lo que desecho
Es lo que hace daño o es la fantasía
De que me torturan.
Veremos si el viento cuenta su secreto.
Yo, guardaré el mío, hasta que algún día
Encuentre unos ojos que, claros, me imploren:
Cuenta tu secreto; quiero compartirlo
Para que te sientas libre de torturas,
Y libre de angustias;
Porque los dolores, cuando son de dos,
De amargos, salobres, se tornan, no dulces,
Pero si, de luna.
Y ella, como sabes, siempre trae la calma,
Porque su presencia, te dice: Aquí estoy,
Soy tu compañía; nada pido a cambio
Porque nada doy: solo compañía
En las noches tristes, en las noches negras,
En las soledades, en el desconsuelo;
En las alegrías, soy la compañía.
Eso y nada más.
Pero es un tesoro,
Y lo sabes bien.
Por eso no quiero mirar a los vientos,
Ni verme en las fuentes,
Sino, ver la luna,
Para, al contemplarla,
Sentir que es el bálsamo
Que tanto he buscado.
Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 1-6-2012
Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








