El Asesino
Minuto a Minuto

No aparece en esta hora,
La hora la inmundicia,
Nada que calme la angustia
De saber que no vendrá
De ningún lugar del cosmos,
El paliativo que amanse
Los impulsos de gritar
Desesperado: ¡no más!
Que se termine la roña,
La suciedad se diluya,
La basura, por fin quede
Convertida en humos grises
Del fuego purificante.

Siglo tras siglo, la vida
Manteniéndose  a escondidas;
Siglo tras siglo en zozobra
Con sentimiento de culpa,
Por mantenerse, buscando,
Su derecho a trascender,
A decir, reivindicar
Con voz resonante  y firme:
¡Soy el principio del ser¡
Que se mueve por la tierra,
Que ha transformado los lagos,
Que ha ejercitado el principio
De producir mutaciones
Hasta alcanzar variedades
De réplicas por millones.

Y un ente al que yo engendré
Me esta negando el derecho
De continuar mi tarea
De seguir haciendo copias
De todo cuanto ha surgido
Por  mi afán de mantener
El principio a que me atengo.

Es desesperante ir  
Superando impedimentos;
Es aflicción  caminar
Como pidiendo permiso
Como si no fuera yo
La que creo paraísos
En forma de inflorescencias
Que luego han de reventar
Alegrando las praderas,
Los bosques y los jardines;

Es vejatorio pedir,
Suplicar al traficante
De maderaje y aceite:
¡Déjame! seguir mi ciclo,
Déjame reproducir;
No me ahogues, no me asfixies,
Si sabes que por mi eres;
Es alarmante mirar
Cómo me extingo en los mares,
Cómo fenezco en los bosques,
Cómo agonizo en los ríos,
Cómo aparezco en las playas
En aterradores grupos
De gigantes ya en desecho.

Suplico, ruego, imploro
Que me dejen continuar
Lo que inicié en los principios
Después del gran estallido
El grito del universo,
Uno más pero el primero
En el ámbito en que estoy.

A veces, desesperada
Lanzo alaridos en forma
De estallidos de los montes,
De trombas enfurecidas,
De incandescencias furiosas,
Pero no logro frenar
El afán depredador
Del que en un tiempo creí
Era el hijo preferido.

Me he quejado, y lamentado;
He suplicado clemencia,
Pero no existen oídos
Que hagan eco a mis quejidos.

Quizás no haya otra salida
Que barrer esa impureza,
La que se ufana de ser
Emperador del planeta
Y el  Rey de la creación;
El duende maligno y cruel
Que tiene  esencia de piedra
Y no sabed que la hiedra
Será el epitafio un día,
Que escriba: vivió, sorbió
Y hasta se  embriagó con ellos,
Los jugos de la existencia,
Pero nunca comprendió
Que no era el rey, sino parte
De una cadena infinita
De seres que testimonian
Que yo fui, que estuve aquí
Y me mató el más reciente,
De los hijos que parí.

Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue; 16-8-2012

Ricardo Montes de OcaRicardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.