Descubrimiento
Minuto a Minuto

En una noche vigilante,
Cuando los fosos centinelas
Quisieron descansar
Pero se vieron compelidos
A seguir trayectorias de planetas;
Cansados ya de otear en las tinieblas
Decidieron bajar las cortinillas,
Retirarse a sus íntimos reductos
Y olvidar las figuras inquietantes
Que bailaban ya, cerca de las luces
Anunciadoras de la próxima penumbra.

Lo intentaron, volvieron hacia adentro
Sus intenciones de observar,
De descubrir figuras
De inicio, imaginarias,
Y fue así
Como llegaron a las zonas
Donde te encuentras tú  contigo mismo
Ya sin escapatoria,
Porque no puedes dialogar con nadie,
Y el otro centinela,
El que dormita durante la vigilia,
Se planta frente ti
E imperativamente te conmina:  
Tendrás que dialogar, ya no contigo,
Sino con tu otra parte, que soy yo.

Conmigo no hay escapatoria,
Porque estoy equipado,
Para coleccionar
Montañas de sucesos
De los que ni siquiera
Están en tu memoria.

Así fue que, obligado
Por ese centinela irreductible,
Me encontré prisionero
De cuadros fantasmales
Acusatorios y condenatorios
Que señalaban transes
Ignorados por mí,
Y fueron  conservados
Por ese centinela,
El que todo acumula,
El que conserva hasta la muerte lo vivido
Sea para la tragedia
O para el triunfo en el vivir.

Con silenciosa voz, me dijo:
Aquí no tienes tú salida:
Yo soy tu carcelero;
Conmigo están tus miedos,
Tus terrores y angustias.

Para que los deseches,
Tú debes convencerme,
De  lo que esas aflicciones
Con las que  te atormento,
Brotaron desde mí;
Deberás persuadirme
De que son mis ficciones,
Que soy quien elabora
Los mitos, tus quimeras
Tan atormentadoras.

Debes hacerlo, sentenció,
Si quieres liberarte del tormento
Que significa cada día
Cargar el sobresalto,
El pánico, el espanto
Como segunda piel, o tal vez más:
Como tus propios huesos.

Convénceme, y verás
Cómo el día venidero,
Brillara intensamente,
Tanto, que, sin quererlo,
Te asombrarás, y pedirás
Al viento, a los aromas,
Al rosicler de la mañana,
A los rumores matutinos
Que te acompañen donde vayas,
Que ya los reconoces,
Y no los verás nunca,
Para siempre jamás,
Como un hocico de serpiente.

Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 22-11-2012

Ricardo Montes de Oca

 

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.