De toda una existencia
Minuto a Minuto

Volvamos, regresemos
A los tiempos aquellos
En que todo era claro,
En los que no mentía
El núcleo del pensar;
En los que, miserables,
Sin la tortilla nuestra,
Sin el frijol de cada día,
Recorríamos las calles
Del monstruo indiferente
Que nos veía pasar
Mirándonos hurgar
Entre los basureros
Compitiendo
Con los canes famélicos,
Con las moscas tenaces,
Maestras incansables
De la sobrevivencia.

Volvamos, es preciso
Rememorar las “glorias”
De los “fastos”  ¡soberbios!
Vividos al amparo
De la ciudad insomne,
La que ya se iniciaba y apuntaba
Hacia lo que sería
La urbe prepotente
Flemática, sin alma,
La que vería Pasar
Los monstruos impiadosos
Dispuestos a inferir
Heridas, o la muerte
A quienes reclamaran
Libertad, paz, conciencia
De humanidad y compasión
Hacia los desvalidos
Entre los cuales ya formábamos
Avant la lettre, los perros
Las cucarachas y nosotros .

Volvamos, revivamos
La retentiva que quisiéramos
Modificar en sus colores,
Para que fueran vivos
Brillantes, coruscantes,
Acaso refulgentes
Como los deslumbrantes
Soles, aun infantes
Pero vitales y repletos
De alegría y de contento.

Rememoremos, no hay remedio,
Las horas tenebrosas
En que la noche nos decía:
¡Tienes que conquistar
Tu derecho a vivir!
Solo porque llegaste
Una mañana casta
De un abril incipiente.
¡No importa si llegaste
Aterido de frío!
En vuelto en densidades   
Viscosas, pegajosas,
No importa: tú llegaste.

¿Y, qué rememorar?
Rememorar que no había orquesta,
Ni bailaoras trepidantes
Con  crótalos vehementes
Graznando enfebrecidos.
No había luces feéricas
Ni resonancias  coheteriles.
Sino vagos quejidos
De quien te dijo: brota,
Para que puedas iniciar
El viaje obligatorio
A todo el que ha llegado
Con previa invitación
O se coló de polizón.

Es preciso evocar
Los momentos primeros
Fuera del claustro primigenio,
Los instantes cruciales
En que aspiraste ese fantasma,
El soplo primitivo
Que llenó tus pulmones
Y te ordenó: ¡aspira! ¡Soy la vida!
Y mientras vagues bajo el sol
Te llenarás de mi. ¡Aspira!
Te dijo tierno y cariñoso.

Y, aspiraste.
Y  emprendiste  la marcha
Hacia la nada, y hacia el todo
En que encontraste lodo,
Inmundicias y flores,
Aromas y colores,
Maldiciones horrendas
Y bendiciones de uno labios
Que ya en tu primavera
Susurraron: ¡Te amo!
Y, ¡oh, qué gloria!
Escuchar esa frase
Por la primera vez
En, tal vez, veinte años;
La frase no escuchada
Desde el primer momento
En que asomaste al cosmos,
Y que al fin exclamó:
Si tan solo me llevas
Aunque sea en secreto,
Por más brutal que sea
La existencia que vivas,
La experimentarás
Como lo más preciado
Y lo más digno
Que te toco en fortuna
Llegar a conocer.

¡A esto,  precisamente,
Teníamos que llegar.
El hurgar basureros,
El vagar por las urbes
De, literal, exactamente medio mundo,
Con todo lo  funesto
O venturoso que haya sido,
Ya quedó en el olvido
Con solo recordar
Que existió ese momento,
En que una núbil voz
Te susurro al oído:
¡Con toda mi alma, te amo!

La reivindicación de toda una existencia.

Ricardo Montes de oca, Puebla, Pue., 16-7-2012

Ricardo Montes de OcaRicardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.