De periplo, hablaremos
Minuto a Minuto

El viaje ha sido largo:
Desde la luz primera
Hasta futura oscuridad.
El viaje a sido intenso:
Desde el primer vagido
Hasta el llanto de hoy,
Nunca solicitado,
Pero siempre atingente
A la hora del dolor,
Del desengaño.

¿Cuál, podría saberse?
El de la fe perdida;
No la fe religiosa;
Esa nunca existió.
La fe en que fuimos hechos
Para colaborar
El uno junto al otro,
Hombro con hombro siempre.
Si acaso, en el desastre
Que daña al colectivo.
Y aun en esos trances,
No faltará el que robe,
El que aproveche el duro instante.

Y no es esto, aseguro
La única razón
Para sentirse triste:
¿Han oído de guerras,
De masacres a diario,
Si no en este lugar,
En algún otro;
De los preparativos tan siniestros
En que están ocupados
Los grandes dirigentes
Cuya finalidad
Es la de dominar, esclavizar
A miles de millones?
Y todo en aras de ficciones:
Dios, la Patria, el orden;
Seguridad de las fronteras,
“nuestro modo de vida”;
Nuestra filosofía...  

Desilusión es la palabra.
¿Por qué; de dónde vino?
De la prédica antigua;
La que decía cada mañana:
Cada humano es tu hermano;
Debe ser respetado.

¿Y luego, qué te encuentras?
La violencia constante,
El menosprecio de la vida,
La indiferencia ante el que va
Por las urbes, pidiendo,
Solicitando ayuda
Porque el mendrugo que esperaba,
Allá va, en vuelo raudo,
Indiferente al hambre
De este solicitante.

La predica decía: nunca mientas.
Y la mentira se ha tornado
En la segunda piel
De cada uno de nosotros.

Pero donde todo esto
Alcanza dimensiones
De catástrofe humana,
Es allá, en los peldaños últimos,
La cúspide, diríamos
De la escala social.

Allí, se han trastocado
Los valores antiguos;
Allí, el asesinato,
Allí, lo perentorio:
Quiero a este en la tumba,
Al otro encarcelado;
Al tercero lo quiero
Implorando clemencia,
Y, a todos aquellos,
Los quiero convertidos
En humo, o en residuos
Que sean solo cenizas.

Y de clemencia, ¡nada!
Que hay muchedumbres que se mueren
De inanición y de miseria,
El la más vil inopia,
¡Que se mueran!
Que a muchos otros se les priva
De los mayores bienes
Que ellos mismos producen,
Carece de importancia.
Ellos a producir,
A sujetarse más apretado el cinturón,
So pena de sentir,
El ataque irritante hasta la asfixia
De la bomba de gas
El chorro de agua,
El ataque de la macana eléctrica

¿Y, son estos los guías,
Los que deciden que es lo justo,
Los que aplican la ley?
Suena a sarcasmo;
Como para reírse y no parar.

Pero la risa se deslíe
Y se convierte en llanto,
Porque te ataca como un fuego
El sentimiento de impotencia,
De concluir que la protesta
Si acaso, es vomitivo
Que permite expulsar
Por momentos, la furia,
Pero no es curativo.

En esto hay que pensar,
Porque el dolor, no cesa,
Y cada hora, cada instante,
Se expande más y más,
Y algún día, reventará tus venas,
O buscaras la forma
De que estalle el volcán
Que cada uno lleva dentro,
Ante tanta miseria
En la conducta de la especie.
Conducta insoportable,
Si todavía creemos
En la prédica antigua

Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 18-5-2012 

Ricardo Montes de Oca

 

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.