Escribes como puedes,
Como te dicta el pensamiento,
Como te fluye a la memoria,
Como lo sientes y lo vives,
En el rincón oculto,
Donde la luz no habita nunca.
¿A qué luz me refiero?
A la concreta.
A la que cruza cada día
Por sobre bosques y colinas,
Por encima de mares y de ríos,
Por arriba de chozas y palacios.
A quién le gusta, a quién no
La forma y lo qué escribo.
A quién le causa irritación,
A quién envidia;
A quién tal vez admiración,
A quién incertidumbre,
A quien interrogantes,
A quién lo deja impávido;
A quién, por fin le causa desazones
Del tipo: ¿por qué escribe?
No lo se. Ni quiero que me importe.
Nadie me ha dicho cara a cara
Que lo que digo no tiene sentido;
Nadie expresa el sentir
Ni la impresión de que leerme
Es derrochar el tiempo.
Y sin embargo, algo me dice
Que, o son muy pocos los que gustan
De la expresión poética,
O ya cambiaron paradigmas los poetas,
Y por tanto, escribir como yo escribo
Ya no conmueve, por la forma,
O porque mi lector ya no concuerda
Con el sentido y la labor
Que en el siglo pasado
Inquietaba a los muchos
Que todavía tenían sentido
Del futuro concreto proyectado.
Pese a la incertidumbre y a las dudas,
No puedo imaginarme
Sin escribir sobre los dramas
De la persona, o del colectivo,
De su vivencia y su tragedia
Real o imaginaria,
La que en última instancia,
También sería la mía;
Ésta, vivida
En el sentir de los demás.
Algunos pensarán (serán muy pocos),
Que el estilo, la forma
Y las esencias han envejecido,
Que los temas están fuera de tiempo.
Pero, ocurre, que el drama y la tragedia,
Que la calamidad y los desastres,
No solo no han cesado
De rampar, balancearse
Sobre el destino y la existencia
De miles, de millones
De dolientes o hambrientos.
Y de eso es que hay que hablar.
El tema cotidiano que se aleja
Del sufrimiento y del dolor,
Terminará por ser inútil u obsoleto
Para quien todavía
Tenga conciencia de que aquí,
En este mundo,
No se está en solitario
Y que el drama que vive
El que tal vez ni sepa
De la raíz y de la causa,
De su desesperanza y desaliento,
Es, o será,
También para el poeta
Más temprano que tarde,
Motivo de tragedia,
Que tendrá que vivir en solitario,
Porque nunca entendió,
Que si en ese momento
En que rugía
El drama colectivo,
Él se escondía
En el purismo
Del extraño modelo, el postmoderno,
Mientras una tragedia atormentaba
A todo el universo de parientes,
Semejantes, congéneres,
Miembros de ese linaje,
El que por avatar o circunstancia,
Por ley o por azar
Vino a surgir en este mundo.
Si el universo del poeta, el de los bardos
Se está hundiendo lo mismo que el Titánic,
Culpa será de los poetas,
Que, creyendo que su parnaso estaba
Solo en la forma sin sentido
Para el hombre que va
Por esas calles de las urbes
Rumiando el minidrama
De no saber que hará
El día de mañana,
Olvidaron que el verso,
(¿todavía así se llama?),
No debía convertirse
En una pompa de jabón.
Volvamos la mirada hacia los persas,
Quienes rinden tributo cada día
A sus poetas de hace cientos,
Tal vez miles de años,
Sin preguntar si son modernos,
Realistas, postmodernos,
Sin retóricas falsas, sin cultismos,
Porque saben que fueron
Ni más ni menos, hombres;
Poetas que escribieron
Para los otros hombres,
O, lo que es lo mismo,
Para la humanidad,
En la que son, en la que viven
Sin distingos lingüísticos,
El hombre y la mujer.
Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 16-6-2012

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








