Enriquecerse, dijo el hombre,
Fidelidad, es lo que quiero,
Lo que pido y exijo;
Dijo la mujer
¿Para que enriquecerse?
Podemos vivir pobres.
¿Ser fiel? y para qué,
Si no nacimos juntos;
Si lo que cuenta es el cariño,
El afecto que sientas por el otro.
Ser fiel físicamente, suena bien.
¿Y, qué sucede,
Si eres infiel porque prefieres
Ver el mundo de forma diferente,
Distinto a como las concibe “el ser amado?
En el sentir, y el pensamiento;
Si no entiendes al otro,
Si no apruebas su forma de soñar,
De vivir la aventura existencial;
Si no tomas en cuenta los afectos,
Ni participas de sus ilusiones;
Si en el fondo de ti tienes reservas
En cuanto a su matiz de piel,
Su instrucción, su saber
Y la región social donde surgió?
¿Acaso eso no cuenta como infidelidad?
Hay de valores a valores;
Todos cuentan
Y todos tienen peso
Por que son hilos de los entramados
En que se envuelven siempre las parejas
Propositivamente o no;
Por accidente por deseo,
Por plan o por ensueño,
Por la primer mirada,
O por la interrogante:
¿Será, quizás, lo real,
O una idealización?
Nadie lo sabe,
Pero si lloran juntos,
Si vibran al unísono,
Si cada uno experimenta
Dolor ante la pena
Que el otro está sufriendo,
Hay una relación
En la que están presentes
Los vectores humanos
De estimación, cariño,
Ternura y simpatía,
Disposición a dar soporte,
Comprensión y respeto.
Faltar ante todo eso,
¿No es por ley de presencias,
De afinidades y de imbricaciones,
Quebrantamiento, acaso,
De la sinceridad y la lealtad?









