En la torva mirada, el primer día,
No se muestra el deseo de matar
Cuando va con los pies
Raspando el suelo.
¿O, es quizás al revés?
Las paredes quisieran arrimarse
Hacia donde pudieran evadir
La nauseabunda emanación
Que despide su cuerpo.
El viandante se asombra
De las desgarraduras, los andrajos
Que de una pírrica victoria van hablando:
Haber sobrevivido después de años,
De décadas, tal vez
Y haberse mantenido
Colgando de ese cuerpo.
Aun así, prometen todavía
Sobrevivir otros diez años
Soportando la grasa,
La fricción de los pisos,
Azotainas de los vientos
Y polvaredas tales, que el simún
Abría querido ser su alumno.
Dentro de ellas va él:
Sus manos negras y brillantes
Remedando la piel de una serpiente;
El cuerpo magro,
Las mejillas hundidas,
Crónica de las noches y los días
Sin la alegría del intestino
Ni el ejercicio de mandíbulas;
Sin la ilusión o la esperanza,
De que un desaprensivo haya arrojado
O dejado caer
Unas migajas al arroyo, un trozo
De alguna golosina,
Mentiroso bocado
Que quiere convencer
De que es un alimento.
Más tarde, poco a poco
En la mirada,
Se va manifestando
El deseo de matar
De escupir,
De insultar;
Ya se muestra el reclamo
De quien pide, con furia,
Mostrar que sí es verdad
Lo de “hermanos en Cristo”,
Lo de la caridad y la misericordia.
Si al paso de los días
Un pensamiento inquisitivo
Lo lleva a concluir
Que las virtudes teologales
Son solamente hojas de parra
Que ni siquiera ocultan las vergüenzas
No las de él, naturalmente,
Sino las de las almas que se dicen
Pletóricas de paz y de piedad,
Estallarán en su interior
La desesperación y la impotencia,
Y pensará en matar
Porque conoce,
Que toda situación conlleva un límite,
Después del cual
Quienes se asumen como practicantes
De aquellas milenarias enseñanzas:
“Amaos los unos a los otros”
Más desearán no haber nacido,
Que blasonar de seguidores.
Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 23-II-2012
Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








