Conciliación
Minuto a Minuto

El horror  de volver sobre mis pasos,
De andar en aventuras aturdidas
Sin más finalidades que el contar,
Como si fuera una epopeya
El acto de dormir  en la bancada
De los tristes jardines
Refugios de quien anda
Sin techo que lo cubra,
Abrigo de quien va
Sin clavo en el bolsillo.

El horror del retorno a los ambientes
De los que no hay salida
Salvo para el panteón
O la prisión;
El horror de saber que si la vida
No fue comprada, arriesgarla
En un lance de oscura callejuela
Es el más torpe impulso,
De quien anda extraviado,
Porque en el arrabal,
La compasión
No alcanza a ser ni sombra,

Allí las reinas son
Crueldad y atrocidad;
Son reinas que compiten
Por el mayor adorno,
Hasta lograr la fama
De ser fiero y brutal.

El horror de que un día
Fuera solo memoria,
Me indujo  alguna noche
A construir distancia
Entre mi integridad y el arrabal.

Jamás volví,
Pero en mi fuero interno
Me acusaba
De cobarde y medroso
Aunque nunca jamás
Nadie me pidió cuentas;
Nadie me preguntó:
¿Por qué  te fuiste?
¿Por qué pusiste tierra de por medio?

Nadie lo hizo. Y sin embargo
Algo me atormentaba
Y me  gritaba noche a noche:
¡Renegado¡ ¡Traidor!

Y es que el barrio, el suburbio,
Se pegan;
Los llevas en la piel,
En la mirada,
En el aliento y en la sangre,
Como en la sangre llevan
Los fabricantes de armas,
El ansia destructiva.

Pero el rufián de la barriada,
Se la rifa con otro
A pecho abierto.
El fabricante de armas
Jamás pone en peligro
Ni libertad y ni piel.
Al contrario, lo elogian
Y le llaman Señor.

Grande es la diferencia
De sino, de fortuna:
El uno tiene que vivir
Siempre a salto de mata;
El otro, luce satisfecho
Y hasta recibe reconocimiento.

Pero el horror a renunciar
A los doscientos miligramos
De humanidad que alguien
Me legó por herencia,
Me empujo a ser traidor,
A la barriada, al suburbio.
Y aquí estoy,
Con la intensión de fusionar
Fijación por el barrio,
Y respeto a la persona humana.

Es por eso
Que en las noches de frío,
A ratos, me atormenta mi  traición,
Y a ratos me perdono
Porque se que hay un salto
De lo que llaman  ética,
Entre matar  y, por lo menos,
Respetar la existencia
Del que es igual que yo:
Viajero del espacio
Con el mismo destino,
Y la misma intensión
Que yo y que cualquier otro:
Aspirar al  saludo
No solamente cientos
Sino miles de veces
Del astro matutino.

Ricardo Montes de Oca, Puebla, Pue., 20-1-2013

Ricardo Montes de Oca

 

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.