
31 de diciembre de 2019
Toda la eternidad es una marioneta de un día
Pasan los años y crecen los huecos de mi corazón
Como las ausencias suplantadas por tristezas
Se rememoran los balances de los años viejos
Dentro de un abrigo de plumas de ganso.
De repente aparece el dulce y sonrosado ayer
Y se escucha la música de los Xochimilcas
Mi corazón de niña aprendiendo tradiciones
En una hacienda antigua con olor a ponche y buñuelos
Mi papá enseñándome mis primeros pasos de baile.
Mi pensamiento vuela a la casa de los abuelos
Toda la familia sentada a la mesa; veo a mis viejos
Mi abuelo presidiendo el brindis, mi abuela con rompope
Mi papá echando tiros a la media noche
A lo lejos otros balazos festejan el nuevo año.
De repente llega un fin de año sin mi familia
Aparece sin atmósfera festiva, sin la música
Sin las risas, sin los cantos ceremoniales del viejo
Otra tradición, otra harina de costal indiferente
Tengo la tristeza anudada a mi garganta.
La armonía desea la unión y paz. Los abrazos son
pensamientos adornados como péndulo añorando.
Otros brindis, otros instantes, otros olores
Los minutos mueren mordiendo uvas en un instante
Termina este año como una marioneta sucia y arrumbada.
Cómo me duelen las palabras que se reprimen tanto
Decir, extraño tus manos, acariciando mi rostro
Otro fin de año sin ti y sin tu reparador consejo
Hoy limpio la casa para vivir el instante
Y sin planes, sin rumbo; vivir lo que me falta.


Olivia Sesma Rascón






