
30 de diciembre de 2019
Prefiero el silencio al bla, bla, bla… del mundo. Las máscaras y artimañas cotidianas, la locura de odio y sangre que pesa como noche infernal de gobiernos, emporios y grandes proyectos comerciales. De hombres y mujeres programados, para competir y consumir sin dolo ni ápice de compasión o miedo.
Prefiero quedarme abrazando el aire oloroso a savia y flores silvestres; bendiciendo al colibrí que con su vaivén me enseña de fortaleza y sabiduría, belleza callada sin necesidad de ostentación. Elijo sustraerme por un atardecer nostálgico y hacer recuento de lo que si atiné, a ponerme a discutir de haberes, hechos y saberes.
Voy a fugarme por la ruta de un callado contento, repeler la ola agresiva que viene empujando, porque no jalas con ellos, porque no piensas como ellos, porque no haces lo que ellos.
Pasa que estoy despertando, aunque no del todo, y me voy apartando de modas, ideas masivas, diversiones perversas, adicciones sin nombre…
Escapo, aunque solo sea a momentos… Porque la guerra alcanza, el error nos toca, la maldad cohabita al lado, igual que el infinito amor. Y sé que sólo queda asirme al mástil de mi imaginación.
Iré al encuentro del mar amigo, a la habitación de los recuerdos donde la inocencia guarda luz. Retomaré raíces, para fortalecer el alma, bordaré las alas, para futuros viajes y abrazada a mí misma, viviré el gran amor.


Celia Tobón es integrante del Círculo de Escritores Sabersinfin.






