
11 de marzo de 2019
Hay poemas que nacen del corazón,
del amor que habita en ese reino,
de la fuente que todo lo cubre,
de aquello que nunca muere;
hay otros surgidos del sudor,
de las gónadas colocadas en la tinta
y los bíceps al servicio creativo;
se aman igual a unos y a otros,
aunque de diferente manera,
porque todos llevan parte del autor,
a veces en forma de bilis
y otras tantas de almíbar concentrado.
Todos son retoños de uno,
todos son cogollos de la búsqueda,
rastros de nuestro ir y venir,
de nuestros extravíos y reencuentros.
Muestra respeto cuando paladees un poema,
tal vez al autor le costó pleitos,
hambres, angustia, desvelo;
si fue afortunado
a lo mejor alegría extrema,
quizá momentos de éxtasis erótico
o un análisis digno de ser enmarcado.
Arrullo cada uno de mis poemas,
les cubro con un beso sincero,
los sacudo, los pulo y los llevo conmigo,
reconozco que a todos se quiere por igual,
porque son mis hijos,
pese a que unos sean como miel
y otros sean hiel concentrada.


Abel Pérez Rojas (@abelpr5) es escritor y educador permanente. Dirige: Sabersinfin.com






