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Odisea interior
“En universos interiores la eternidad estalla”.
(“Hikuri”. José Vicente Anaya)
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La odisea hacia sí mismo es el viaje asfixiante de su propio miedo,
Donde yace inherente la semilla y sus temores que germinan
En un retorno sin juicio ni razón de la inédita razón inexpugnable
…Preámbulo pernicioso donde, inevitablemente,
El trago amargo engulle el miedo con sabor malsano
Al ritmo que, en evidente sincretismo, se conjugan
Las búsquedas que se desnudan para ser la misma
Búsqueda desnuda que, ya desvestida de su mismo estrés,
Se atraganta amargamente para al final revestirse
De un burdo misticismo que al compás de un ritual
Con hilos de lisonja cotidiana entreteje una simple lluvia
Donde, en batalla campal, buscan armonizarse en un altar:
Símbolos que cosen y empalman lo sutil de sus ensueños
Y lo burdo y espeso de su propia densidad tan arraigada.
Eterno ritual protocolar de una simple pureza que pretende
Integrar mundos divergentes con aroma de copal
Ensalzando la pureza del agua cristalina al candente ritmo
De su propia fogosidad sembrando sobre sí misma
La tierra fértil que, finalmente, dará por frutos un camino
Donde el fuego germina el aborto de su egoica mismidad.
Preámbulo y proemio, exordio y prolegómeno de instintos
Que, con el ansia y el temor angustiante de su zozobra misma,
Busca escaparse de sí mismo ¡Inseguridad paradójica!
Podredumbre de impermanencia atea. Gozar el miedo.
¡Infierno de contradicciones en un paraíso de emociones!
¡La adrenalina florece en un erótico mar de dopamina!
Ritmo discordante de hepáticas neuronas que vibran
Gozando su deleznable ubicuidad inmaculada.
Los límites desangran sus propios paradigmas
En un baño desnudo de inmundas contradicciones.
El miedo al terror, apanicado de sí mismo, y la otredad
Buscan argumentos para inhibirse con pretextos que destrozan
El tiempo en una eternidad confinada a un hipotálamo que se desgrana
Floreciendo en un marchito mar de paradigmas y aventuras.
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…Y ya la noche eterna duerme entre sus propios matorrales,
Ajadas arrugas aguardan la vigilia protegiendo la ruta y sus escollos,
Lagrimas cantan al compás de un espíritu encarnado
Donde cada imagen es mezcla indisoluble de miedo sutil
Y grotesco anhelo que busca apegarse a lo sublime,
Y el acre sudor se angustia de sí mismo al desollar los limites
De su evidente fragmentaria realidad limitante y limitada,
Para ser una extensión de la manifestación holográfica
En el fractal sinfónico que se integra en cada poro…
Beber sin prisa en el compás infinito de las eternas aguas
El amargo sabor de la bebida se compensa al escuchar
Con los oídos del espíritu las enseñanzas que, florecientes,
Ya esperan germinar en la transmutación de un nuevo Ser,
Donde cada instante es un archivo de su propia información.
¡La forma del tiempo funde sus instintos en espíritu!
Constelación holograma. Eterno fractal incandescente
Donde se nace para caer esperando germinar los frutos
De la Universal consciencia por la consciencia misma.
…Y ya en el interior de tu propia desnudez recorrer lugares
Incrustando el alba en el crepúsculo sagrado de su origen,
Donde los limites conceptuales se fragmentan y se borran
Destiñendo por completo el sentir de la individualidad
Para desgarrar la comodidad eterna de esa burda mentira
Que nos permite sobrevivir al transitar de cada día:
Marejada de imágenes recordando el futuro
Que se fragmenta hilvanando su propia dignidad,
Al tiempo que toda idea antes de fraguar se quiebra.
Laberinto sin final de su principio.
Camino diseñado sobre sí mismo.
¡Alambique espiritual que deshidrata las mentiras
Para hacer de cada acto una devoción sin ritual previo
Pues la vida es, sin duda alguna, la evidencia fiel
De su propia manifestación!
Las hojas del ego se van desvaneciendo al ritmo de un otoño
Que se acerca a la introspección de su camino y sus escollos,
Y tras el caer de la última gota el espíritu abre sus oídos
En el umbral de sus propios pasos mirando sobre sí mismo
El súbito florecer de sus pupilas intentando empalmar sus huellas
En el ávido camino de su propia ruta donde, indudablemente,
La sensibilidad sutil se despereza al romper la crisálida
De su propia hibernación para rememorar las sensaciones
Que se entremezclan, indisolublemente, hasta romper
Sus propios límites al compás de una sinergia irremediable
Que se embota para ahogarse en sensorio plenilunio de conceptos:
La materia se asfixia en su propia mansedumbre,
Las emociones fluyen coaccionándose entre ellas,
El tiempo toma la forma de un aroma y su inmundicia,
Y sobre el cenagal de sus pasiones emana la paz
De una luz cristalina que, a sí misma, se enceguece.
Florece la música entre la salvaje parvada de palabras
Que destiñen el amargo sabor de sus colores…
Y ya es inevitable el camino hacia sí mismo.
Y de súbito todos los conceptos son sus propios carcelarios:
La disparidad se difumina en la unidad de su misma sinfonía.
La ruta y la meta converge en el universo entero que vibra
Entre mis densas manos, y de mi depende el camino mismo
De la vibración sutil que nos convoca a continuar el rumbo
De nuestra propia densidad.
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…Y retornar sabiendo de antemano que la limitante
Realidad que nos asfixia, nos conlleva deshilando
El sonido de su propia vibración al separar, irremediable,
La mismidad que se fragmenta para retornar sobre sí misma.
Unidad y fragmentos son tan sólo evidentes paradojas
Que la imberbe razón nunca logra conciliar.
Bajar a lo grotesco de la finitud tras rememorar la unidad
Es incrustarse de bruces en la cárcel hedionda del exilio mismo:
¡La vibración eterna que unifica va lentamente deshidratando
La experiencia de ser el vacío donde todo cabe sin cesar
Cuando el alma nadó sobre la inmensidad de su pleamar!
Y ya en el cotidiano descenso es inevitable continuar sabiendo
Que somos el fruto del destierro mismo que nos deporta,
Desarraigando de nuestro mismo corazón esa palpitación
Que, sin duda, nos unifica en un mismo umbral de sinfonías.
¡Extrañamiento, expatriación,
Expulsión y confinamiento
A vivir eternamente en el exilio!
¡En el eterno exilio de nosotros mismos!
Juan Carlos Martínez P.
(El Monje Hereje)








