15 de diciembre de 2014
¿Por qué fuimos remisos a ser padres,
Cuando en tu derredor todos morían
Por perpetuar el apellido
Por verse reflejados
En otro rostro, en otros ademanes,
Y caían en transe ante el deseo
De clonar pensamientos y costumbres
En un cerebro ajeno?
Precisamente, fue, porque me sublevaba
La perspectiva de formar a un otro
Con mi mente, tan saturada de tristeza,
Y tan atiborrada
Con absurdas burradas,
Con tanto vil resentimiento
Resultado y producto
De lo que me imbuyeron,
De lo que me infundieron e infiltraron,
Progenitores
Y predecesores:
El odio ante mi mismo.
Creí entonces que no era necesario
Traer al mundo más bazofia.
Con lo que yo representaba
Para la humanidad, ya era suficiente.
Fue lo que yo creí en aquellas etapas
Cuando vagaba sin compás,
Sin sextante ni brújula.
Por eso me negué a traer más progenie
Que viviría en un planeta envilecido,
O que terminaría en un basurero
Con la cara sin ojos y sin piel:
Tengan presente a Ayotzinapa,
A los 43. Y no se olviden:
A diario se nos habla
De algún infante asesinado,
Cuyo cadáver fue privado
Del corazón o los pulmones.
Y quién puede negar
Que esa generación, la de mi sangre,
Ese hijo, no sería más tarde
Un soldadón brutal, que allá en Tlatlaya
En una tarde no soleada
Fusilara a mansalva
A quince o veinte miembros de la especie,
Y que lo hiciera
Sin recibir castigo.
Y más: que en lo privado,
Fuera felicitado
Por una Jefatura
Igual de impura,
Igual de despiadada que el matón.
¿Quién me puede decir que estoy mintiendo,
Que mis meditaciones,
Mis conjeturas y mis reflexiones
Están erradas,
Y son equivocadas
Desde alfa hasta omega.¿Quién?
Nadie puede decirme lo contrario:
Solo yo se por cuanto tiempo
Cargué en mi pensamiento
Enormes odios contra el mundo,
Y hasta contra mi mismo;
Pues, según mis mentores,
Ayos y preceptores: padre y madre,
Un pendejo era yo,
Un menso y un “idiota”
Que “no servía para nada”.
Si acaso me libré, de ser un asesino,
Un rufián, un diputado, o mandatario,
Fue porque alguna anciana
De mi patio vecino,
Me apapachaba con la frase:
“Eres inteligente,
Y, sabes muchas cosas”.
¿Cuáles? Yo lo ignoraba,
Y todavía, en estos días,
Desconozco en que consisten esas prendas
Que mi anciana vecina detectaba
En mi comportamiento,
Mi manera de hablar o de mirar;
Lo ignoro. Solo sé, que nunca me apropié
De sudores ajenos, ni exploté
La energía de los pobres
De los necesitados,
De los hambrientos y desheredados.
Ahora se, que mi linaje,
El hijo que no tuve,
Nunca fue un vagabundo,
Y, por ende, no le hizo falta al mundo,
Que hasta donde parece,
Todavía necesita
Más verdugos vesánicos y crueles:
Más asesinos y matones
Que se esconden detrás de sus escudos
Sus toletes, corazas y blindajes,
Tras de sus escritorios, sillas presidenciales,
O tanques y cañones.
¿Estoy justificado? No lo se:
Que me juzguen, el estudiante y el alumno
Que escucharon, lo poco o mucho que expresé
Como guía de vida y de conciencia:
La sola herencia,
Que he dejado
Como único legado
A los que en mi creyeron, aunque no fueran de mi sangre.
Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








