
22 de marzo de 2018
Hace tiempo que la muerte dejó de ser el miedo.
Después de perseguirme como un loco lascivo,
emboscada mi angustia al borde de un pantano,
clavada su miseria en mi esqueleto;
su murmullo vacío dejó de amedrentarme.
Ya no me sobresalto en las noches desnudas
de su presencia ríspida,
con el pavor supurado de mi pelvis;
temiendo que el latido de mi cuerpo se suspenda.
Antes la muerte era un precipicio seco,
donde la histeria, la indolencia, la culpa,
todo era devorado inexorablemente.
Ahora sólo existe este segundo,
en que tú me arrebatas el resuello,
para hacerme el amor calladamente.
Sólo existe este instante en que me elevo
a la ola vigorosa de tu torso,
y voy sobre su punta, vacilante
/espuma inerme/
Soy címbalo que vibra, que se ensancha,
y tiembla en la finitud de tu contorno.
Es esa la cálida muerte que yo palpo:
furor que me desquicia trepidante;
horada mis poros, los abrasa;
me vierte en una calma vegetal
que disuelve mi ego.
Morir en ti perpetua, amarga,
es la única muerte que conozco.
Dejar de respirar, tan sólo un accidente
en la landa cruda de nuestro desamparo.
En ti me pierdo, me prodigo,
tus besos de esmeril gastan mi cuerpo;
empapas de tus humedades mi semilla.
Ondulas, flama hirviente a mitad de mi pelvis.
Prolongas el segundo que habito;
la única vida que poseo,
la única muerte que aún me pertenece.
Hace tiempo que la muerte dejó de ser el miedo.
Xóchitl Niezhdanova, Ingeniera Civil con Maestría en Ingeniería Estructural. Poeta, Pintura, Pianista y amante del Arte en General. Escritora, Diletante, Amante de la Vida. Ávida por el conocimiento desde niña e inclinada a la Sabiduría Oriental. Solidaria de todas las causas justas y amante de la Naturaleza.
Imagen: albherto.wordpress.com








