Quietudes que se acercan
Minuto a Minuto

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Abrevan mis penas
en desoladas arenas;
pero mis angustias vuelan
hasta la altura de los remolinos,
y viajan al desierto,
se acunan en las dunas

y se agazapan entre ellas
en espera paciente
de la ansiedad creciente,
que estrechando su cerco
me persigue en las noches
cuando el silencio se hace un monstruo
aplastante y violento,
que destroza a la oruga
cuyo rumor se apaga,
y queda solamente
el mutismo gigante.

El dolor, atenuado,
se queda aletargado;
ya ni siquiera late,
no se siente su embate.
Tal vez alienta vida todavía,
pero su fuerza se ha mermado.
Quizás esta invernando
pero ya no me asusta
la posibilidad de su presencia;
se que aunque me domine
ya no me paraliza.
Se que cuando regrese de su sueño-letargo
encontrará otro campo,
que ya no será un yermo
vacío y desolado.

La ansiedad, que se expande,
no obstante, cede el paso
a la suave impaciencia
que en la oscura inconsciencia
todavía me apremia
sin saber hacia donde.
Marchamos al unísono,
a veces ella guía,
otras, yo la dirijo.

Y así, ansiedad y dolor,
impaciencia y angustia
no obstante su presencia
pertinaz y tozuda
se van desmoronando,
se convierten en sombras
que acechan todavía,
que miran en lo oscuro
con ojo amenazante,
mirada penetrante,
resabios rencorosos
e impotencia creciente.

Y me siento tranquilo.
Aun las fuerzas no llegan
para apagar volcanes,
detener huracanes
y disolver ciclones.
Pero yo estoy enhiesto.
Ya soporto a pie firme,
no pienso más en irme
a un infierno sin muros,
sin vallas ni barreras,
tan grande como el mundo
y tan vacío como la nada.

Ya ni siquiera siento
la nostalgia morbosa
por aquellos estados tenebrosos
en los que el mundo era una sombra
de otra sombra de otra,
y mi ojo, turbado, no veía,
sino la imagen nebulosa
de lo que yo anhelaba
como ideal soñado.
Ya no. Ya mis ensueños
dan sus primeros pasos,
vacilantes, es cierto,
pero ya me sostienen,
ya marcho con la frente
a nivel de las crestas;
no camino por cuestas
ni por senderos empedrados,
y voy por entre prados
aun no florecientes,
donde la grama sientes
como áspero afelpado
que poco a poco va imponiendo
una pátina tierna de verde sobre el campo.

Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.Ricardo Montes_de_Oca

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