Así será mejor
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

Algún día me verán
harapiento y dolido
mendigando algún pan,
algún trago de vino
o una palabra suave,
me verán por los largos

y ensortijados vericuetos
de las orillas de las playas,
de la manigua calurosa
enfebrecida y contagiosa
de locura y sopor
pegajoso, y tan sordo
como el rumor
de un tábano.
Algún día me verán
con el ojo vidrioso
y el corazón enjuto
ya sin sangre y sin savia,
sin conocer del llanto,
del dolor, del espanto,
de la vida sin canto,
sin queja ni lamento.

Algún día me verán
con la mirada vaga,
distante y soñolienta,
con la expresión ausente
de quien ignora su presente
oculto o destruido
para esconder el paso
de lo que fue,
lo antiguo,
lo torturante y fementido,
lo vergonzante y vergonzoso.

Algún día me verán
sin alma, sin mirada,
con las cuencas abiertas,
tal vez interrogantes
y sin respuesta alguna,
pero ignorando duelos,
ofensas o consuelos,
placeres o tormentos.

Cuando ese día llegue,
no habrá misericordia
porque nadie sabrá del sufrimiento,
ni de todo el tormento
que en horas lúcidas y claras
recorrió la epidermis,
los huesos y los nervios,
los músculos,
y convirtió los ojos
en fuentes irritadas
de llanto sin fronteras.
Cuando ese día arribe
no existirá memoria;
así, cuando me lancen
la pregunta curiosa:
¿En que patria naciste?
yo no podré decirles
que mi patria fue el odio,
el abandono, la mordaza,
la castración y los pavores;
la piqueta que a diario
destruía mis empeños
primarios e intuitivos.
No podré relatarles
que esa patria viscosa,
turbulenta y lodosa,
me la formaron escultores
primitivos y ciegos
que ocultaron el fuego
de sus propios rencores,
para después volcarlo
sobre el tembelequeante
que con perverso empeño
trajeron a este mundo
para ensayar cómo se ciega
y como se ensordece,
o como se enmudece
a la propia creación.
No podré relatarles
cómo fueron quedando
por los caminos de la tierra
los pedazos de piel
que entre breñales y espinales
fui dejando prendidos,
sangrantes, desgarrados;
no podré confesarles
que proferí el vacío
interior de la mente
para no sentir nada:
ni el odio, ni el rencor,
ni el dolido arrebato
por el amor perdido,
por la ternura que se fue
y que a pesar que se me daba
después del latigazo,
así la prefería
con tal de recibirla.

¡Miseria de miserias!
no saber nunca darse,
y creer que el mendrugo
que a ratos recibías
era un diamante en bruto.

¡Miseria de miserias!
creer que en la sonrisa
calculada y vacía
está lo gloria misma.

¡Miseria de miserias!
el no conocer nunca
la verdadera gloria
y como el topo de la historia
andar por entre túneles
oscuros y encerrados.
¡Miseria de miserias!
no saber que se vive
pensando en el pasado
oscuro y solitario,
viviendo en covachuelas
sin tener herramientas
para erigir auténticos castillos,
creyendo que esa nube
a ratos luminosa,
a ratos tormentosa,
brutal y destructiva
era el famoso paraíso.

¡Miseria de miserias!
el haber descubierto
ya rumbo al precipicio,
que así como el vecino
fue esculpido en afectos
con ternura y cariño,
y fue cargado con la herencia
de colores, sabores
y sensaciones diferentes
todas gratificantes,
tu fuiste modelado
para ser flagelado,
rasguñado, insultado;
para buscar torturas,
escarnios y abyecciones.

¡Miseria de miserias!
haber sido formado
para ser un despojo
tan débil en tu enojo
que no fuiste capaz
siquiera de venganza
para atenuar la frustración;

no tuviste el arrojo
o la furia homicida
para patear y destrozar
el día que en pleno rostro
un ángel descarado
y una sabandija
te arrojaron al rostro
jofainas de inmundicia.

¡Miseria de miserias!
vagar por este mundo
sin mayor perspectiva
que la sobrevivencia
animal y primaria,
después de los discursos
acerca de la dicha,
de las realizaciones,
de la bondad, del entusiasmo,
de los proyectos de ventura,
de los mitos de dicha,
de amor y de ternura.

¡Miseria de miserias!
pasar cada momento
soñando en el vivir,
en tener un instante,
¡un miserable instante!
de paz, tranquilidad,
serenidad del alma.

Por eso me verán
vagar por esos pagos
sin memoria de ayer.
No tendré que contarles;
todo se habrá olvidado.
es la única forma de evadir
el dolor, el tormento,
la vergüenza,
el rudo sufrimiento
por lo deseado y no tenido,
por los errores cometidos,
por los sueños dorados
convertidos en piedras
que en las noches obscuras
te golpearon el rostro
sin que pudieras defenderte:
no había donde esconderse
porque en el mundo no había luz
para observar los derroteros
ni los caminos a la selva
o al monte protector.

Tal vez me insultarán,
pero yo habré olvidado
lo que es la dignidad:
no me enfureceré,
porque ya no sabré
qué cosa es el insulto,
qué la ofensa o el escarnio
qué la justicia o la injusticia,
ni qué los sueños de fortuna,
de bienestar y dicha
felicidad y bienandanza.

Ricardo Montes de OcaRicardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.

  1. Facebook
  2. Twitter
next
prev
next
prev

Hay 920 invitados y ningún miembro en línea