Delirios en el destierro, poemas de Silvit (Venezuela-Lisboa)
Minuto a Minuto

 

El giro que tiene Silvit en su poesía, desde que lo conocí cuando estudiábamos letras en la universidad, a esto que ahora les presento va en constante cambio. Creo que el hecho de haber viajado por Europa, desde hace más de una década hasta radicarse hoy día en Lisboa, le ha servido para ir estudiando las lenguas y con ellas las sensaciones espirituales, fonéticas y de significados que va encontrando en el enunciado, ahora no expresándose desde una forma tradicional del verso en relación a la metáfora, sino al juego que le ha permitido escudriñar en la semántica, como “un esquema” al recrearse en el sujeto sintiente, en ocasiones con el uso de gráficas que ayudan a tener un lectura amplia a partir de los signos indexicales. 

En la poesía de carácter minimalista que ha escrito Silvit, siempre mostró cierto inconformismo con la sociedad y eso lo sigue manteniendo, además de que el poeta entonces se replegaba a explorar en sus propios fantasmas que no lo dejaban quieto, pero no como un ser excluido, sino como alguien que va atento escuchando las voces que lo persiguen, revelándole sombras y a veces un terror por la ciudad y sus elementos. También supe que lo único que lo ha salvado es el amor, pese, y aquí parafraseando uno de sus poemas, a una paranoia que se suspende de a ratos, pero de la que aún no se zafa, porque: siente las miradas de los ojos ocultos que cavilan sobre él./Luis Manuel Pimentel

 

 


Merci... je n´aime pas la solitude


el reflejo de mi rostro se insinúa

      está acá

                        silente

                                      conmigo


sin forma ni expresión

obscura silueta asceta

que me observa…

quien me observa…

quién me observa…

 

siento su mirada

de ojos ocultos

me escudriña

y cavila sobre mí

 

lejos sin notar mi presencia

el mar de neón descansa

y la noche rompe en luz

blanco destello

retrospectivo de vida

que ciega y ensordece


           [ escucho ]


aullidos a la distancia

mensajes sin descifrar

 

ahora

voces sin rostros

golpean mi mente

 

el agobio asfixia

y el azul... es sólo un recuerdo

 

no hay respuestas

 

mis ojos se nublan

ya no percibo el reflejo

pero sé que allí está

y me acompaña...

 

merci, je n´aime pas la solitude


****


Delirium

 

El muro ensangrentado me estimula,

el grito del vecino me acaricia,

memorias de momentos nunca antes vividos

                                              inundan mi mente.

 

Delirium...

 

    - despertar- 

 

           ¿ lloro ?

 

Aún no...


El tiempo pasa...

La vida pasa...

El tiempo pasa...

La vida pasa...

El tiempo pasa...


****

Desterrado

 

El Sol se ha marchado,

bienvenida obscura dama,

una vez más partiré

contigo / del brazo /

hacia el solitario

              lecho

     a deshojar

la amarga

flor de mi destierro.


***

 

Regreso

 

partí…

enfermé…

he regresado…

ensangrentado...

como un cristo crucificado y sin condición de mártir…

 

el Sol entra y quema mi piel…

los gestos suaves de la infancia ya no son dulces ni gráciles

se han vuelto duros al romperse los sueños

tiempo impío

cruel cuchilla


cerraré los ojos esperando tu eterno y cruel beso

 


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SILVIT [A.K.A Darwin Silva Torres], nace en Venezuela en la post adolescencia del S.XX; rueda de aquí a allá y escribe sobre aquí y allá; ya viejo pa` la gracia decide ir a la uni, entre tanta teoría y tanto “teórico” se aburre; la arrogancia de la academia enseña a escribir a escondidas, hasta que unas páginas tachadas llegan a un olvidado concurso de poesía, se embolsa el premio, se lo gasta la misma noche con lxs amigxs (porque para algo ha de servir la poesía) y publican su primer libro “Noches de arraigo y desarraigo [04:00 AM]”. Desde entonces deambula y sigue escribiendo, publicando de forma alternante e itinerante. Actualmente, forma parte del colectivo editorial “Ké Animal es ese gato”, editora a seis manos que edita a lxs infames, piratea a lxs ya editadxs e impulsa, sobre todo, a que se aprenda el auto-editarse sin el “sacro aval” de las casas editoriales.