Estallidos
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

 

 

Súbito y estentóreo,
potente y poderoso,
se escuchaba el sonido del horror,
el de la destrucción,
de la mutilación,
la pulverización del otro.

Sin pizca de vergüenza,
de consideración ni dignidad.
Sin sospecha siquiera
de bondad del género
común a todo lo viviente, humano,
sonaba descarado el ritornelo:
“se les castiga porque no obedecen
a las leyes dictadas;
se les impone todo el peso de esas leyes,
para que aprendan a vivir,
a convivir en sociedad,
en la comunidad de las naciones”.
Decían así las voces sádicas,
de los dominadores,
los justificadores
de toda destrucción.

A veces derramaban
lágrimas de piedra,
insulto al destruido,
al mutilado, al destrozado.
Hablaban de crueldad
cuando ellos la sufrían,
pero no cuando ellos la ejercían.

El mundo fue rodando,
yendo hacia lo profundo
del universo sin fronteras,
indiferente a los sucesos
que provocaban sus retoños,
si acaso, le escocían
las heridas causadas
por centenares de explosiones,
incendios y maltrato
de la costra profunda
y de la superficie
de la tierra.

El mundo no llevaba
conciencia de sí mismo
ni del que lo habitaba;
llevaba sólo el peso y la velocidad,
la fuerza de su empuje
de la temperatura
de sus entrañas metalíferas,
el equilibrio decadente
de sus plantas,
sus vientos,
sus aguas y sus bosques,
la carga líquida y tenaz
de sus inmensos nubarrones
en tiempo de tormentas
y el llanto de los débiles,
el de los indefensos,
el de los niños huérfanos
con miembros cercenados,
o con ojos sin luz.

Llevaba nuestra esfera,
lamentos doloridos
de mujeres violadas
contra su voluntad,
de madres enlutadas,
de novias que algún día
soñaron la presencia,
en el hogar risueño,
de la voz masculina,
de la risa infantil.

Y cargaba el planeta
los gritos de terror
los aullidos de odio,
de fiebre destructiva,
de locura fatal.

Así, sin la conciencia
de lo que ocurriría,
viajaba entre las brumas
de gases estelares,
de radiaciones siderales...

y de pronto... el colapso:
desde el profundo abismo
de sus entrañas ígneas
provino el estallido
que lo pulverizó
el día que la explosión
de la fisión ENLOQUECIDA
de los átomos ciegos
VIOLENTO el equilibrio
de sus temperaturas.

Y vieron las estrellas
precipitarse, proyectarse
hacia el sol
miríadas de fragmentos
que perdieron sus centros,
su ligazón, su enlace.
Y en el punto lejano
donde el planeta tierra se movía
quedó solo el silencio:
no más gritos de furia,
no más estruendos de la destrucción,
no más lamentos,
no más llanto,
no más dolor ni sufrimiento,
pero tampoco más felicidad
que a ratos,
en las noches tranquilas
refrescaba el sentido de la vida
y les daba a los hombres la noción
de lo bello, lo luminoso y lo creativo
para su propio bien...

Ricardo Montes_de_OcaRicardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.

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