Loto urbano (Poema)
Minuto a Minuto

RADIO Sabersinfin.com

 

 

 

 

03 de Junio 2016

 


Entre la podredumbre de lo social y la mácula del egoísmo vil,
Rodeado de un mundo de voraces huestes consumistas
Y entre las aguas negras de su propia putrefacción,
La tormenta de la soledad y su misma confusión se manifiesta
Como camino a la misma y evidente adversidad.

Sangre y robos, violaciones, miseria y encarcelamientos,
Son el pan nuestro del día a día que busca ulcerar
Cualquier minúscula y microscópica posibilidad de paz:
Alimento putrefacto son los noticieros amarillistas que asechan
Cada situación para devorarla, súbitamente y sin recato,
Haciendo de ellas un excremento cotidiano que tiñen cada día.

Instintos primarios que florecen tras los estímulos evidentes
De la mercadotecnia vil hacen, de cada sensación y sentido,
Una potencialidad que ofrece salidas alternas a un camino sin retorno.

La educación escolarizada es una evidente factoría de obreros
Donde el trabajo será una explotación extrema que deshidratará al Ser,
Haciéndolo un proletario que, cansado de su propia rutina,
No tenga ya, más opción, que sembrar enfermas esperanzas para su vejez,
Porque la competencia egóica es una eterna guerra que lacera el espíritu
Inyectándolo de hipocresía y ambición, encapsulada en ofertas
y promociones que pretenden hacer del sujeto un objeto laboral,
Que buscará ejercitar la soberbia en el gimnasio de su propio apego.

La corrupción alimenta de gula la avaricia de un ambicioso
Que intenta estructurar su propia inmundicia para nutrir
La fortaleza de su envidia, haciendo de su asqueante vómito,
Un manjar que fortalece su misma consistencia.

La lujuria se prostituye en trueque que busca substituir las caricias
Por objetos que, sublimando la soledad de su insatisfacción,
Pretenden cubrir el hambre de un apetito que busca alimentar
La crueldad de un vacío existencial que nunca se podrá abrigar.

La pereza intelectual es una pobreza que pretende ocultar
Su miedo ante la evidencia de su lasitud y fragilidad espiritual,
Alimentando de dogmas y milagrería, el pensamiento mágico
Que pretende resolver la vida, de maneras tan sencillas que,
Con misas a la idolatría de una culpa que agoniza en el dolor,
Manipula la necesidad humana haciendo un negocio que se alimenta
De la ignorancia extrema, manifiesta en una fe hacia el mismo fanatismo.

…y ante el desértico páramo de ése cruel paisaje social,
Habitado por la histeria colectiva del perverso vicio del egoísmo,
Sólo queda hacer de cada doliente situación, una sabiduría
Donde la alquimia de la adversidad, haga una flor de loto urbano
Que se abona con el servicio desinteresado a los demás,
Transmutando el dolor de la putrefacción, en un alimento
Que hace germinar la luz que hiberna en un desolado corazón,
Porque es, sin duda alguna, en la fatalidad ajena
Donde el amor permanente a la empatía, germinará la budeidad.


Juan Carlos Martínez Parra
(El monje hereje)

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