Conciencia
Minuto a Minuto

Alce doliente,
aterido de frío,
azotado por el viento,
¿en qué piensas cuando rumias?
¿qué recónditas imágenes
te golpean el testuz?

Esos vórtices de nieve
que te envuelven en tu marcha,
¿te sugieren otros mundos?
¿cómo por el frío bosque
te aventuras en silencio
sin lamentos y sin quejas?
Quiero entender la silencia,
la razón de tu paciencia,
de tu andar pausado y lento
preocupado solamente
por encontrar hierba seca
que te sirva de sustento.

Alce, soportas el frío,
las nevascas inclementes,
la escasez de los nutrientes
que sustentan tu existencia;
te cercan depredadores,
desconoces tu destino,
no sabes si esta mañana,
o a la caída del sol,
con el cuello desgarrado
expirarás por la herida
causada por el colmillo
o por la bala certera
del cazador que acechante
vigiló tus movimientos
y decidió tu final.

En ti no hay resignación,
ni la desesperación
te atribula o te atormenta;
es tu calma la que alienta
una espera sin espera
del momento en que vendrá
tu término y desenlace
vivido sin la tragedia,
sin sensación de catástrofe,
drama ni fatalidad.

¿Esa es tu sabiduría,
o es la total ignorancia,
o la suprema inconsciencia
de que vives, de que habitas
de que tendrás que morir,
que has de desaparecer?

¿Qué sabes de la alegría?
¿y de la felicidad...?
¿del placer, de la belleza,
cuánto es lo que tú disfrutas?

Si de eso nada sabes
no debo envidiar tu calma,
tampoco la indiferencia
con que llevas tu existencia.

No sufres porque no gozas,
no penas porque no llevas
en el alma la alegría
formando pares gemelos
con la tristeza y el drama.

Tú no me envidias a mi
porque ignoras qué es el júbilo;
no sabes del desconsuelo,
de lo que es tener un duelo;
ignoras el regocijo
y qué es la satisfacción.

Esta tal vez es la clave:
atravesar la experiencia
del nacer y del vivir
conservando la conciencia
de que un día morirás.
Pero mientras esto ocurre:
“carpe diem”, dijo el latino.
Y está bien, hay que vivir
con pleno conocimiento
de que no hay eternidad,
sino para la materia,
para el espacio, el tiempo,
y el eterno movimiento
del cual formas parte tu.

Ricardo Montes_de_OcaRicardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.