El chubasco llegó,
la lengua larga,
la expresión terrosa;
las frases como piedras,
como cautines relumbrantes.
Era el chubasco de palabras,
de desahogos corrosivos,
de maldiciones cuchillosas
con sus esencias venenosas.
La impavidez estaba de respuesta,
el silencio rondaba, se paseaba;
marcaba con sus pasos circulares
un ámbito cargado de rencores.
Y se agotó el chubasco,
y se fundió con el silencio.
A lo lejos gruñó de nuevo el viento
arriero de los turbios nubarrones;
a lo lejos se oyeron los murmullos
del ramaje crujiente de los pinos.
La ronda del silencio pereció,
expectante, quedó como una estatua;
era mirada, y oídos en espera,
era interrogación, pregunta muda.
Un tronido a lejos, retumbante
amenazó el retorno del chubasco:
¡Maldición para ti, con tu silencio!
¡Maldición para ti con tu paciencia!
¡Maldición! ¡maldición! ¡maldito seas!
El silencio escuchó,
dio media vuelta,
tornó enigmático la testa,
sin réplica, reproche, ni protesta;
entendió que el chubasco era el insulto,
necesidad de fustigar mejillas,
imperativo de golpear carrillos
granizo de furores y rencores
irracionales como las tormentas,
y se perdió en el filo de la noche.
Ricardo Montes de Oca ha escrito novelas, ensayos, cuentos y poesía. Ricardo ha cursado estudios profesionales en México y Rusia.








