28 de junio de 2014 (Monólogo teatral hiperbreve)
Cuando se corre el telón, el personaje ya está en el escenario. Está parado en el centro, de frente al público, con la cabeza gacha y los brazos colgando como una marioneta. Viste abrigo y bufanda. Sobre la derecha, una mesita y una silla. Sobre la mesa, un cuaderno, algunos papeles y una lapicera.
El escritor entra por la izquierda. Viste una camisa de manga corta, bermudas y chinelas. Se dirige a la mesa igno-rando al personaje, se sienta y abre el cuaderno. Al hacerlo, el personaje levanta la cabeza y mira al público. El escritor toma la lapicera y comienza a escribir.
Personaje:
Tengo huecos en la memoria. Oscuras motivaciones que me impulsan y que no acabo de entender. ¡Brrr, qué frío! (El escritor deja de escribir y el personaje se calla. El escritor se echa hacia atrás pensativo y se abanica con un papel. Luego retoma la escritura. El personaje sigue hablando.) A veces me parece que el frío no está afuera, que lo llevo en los huesos. A la mañana, cuando abro los ojos, miro por la ventana, veo la nieve y el cielo gris, encapotado, y tirito. Pero siempre tengo la sensación de que si pudiera perforar el cielo, del otro lado estaría el verano. O incluso más cerca, como si el invierno fuera una telita de cebolla que me envuelve. (Se queda pensativo, el escritor sigue escribiendo.) Tengo huecos en la memoria. Supongo que es humano, ¿quién puede recordarlo todo? Por ejemplo, no me acuerdo de cómo llegué aquí. (Mira alrededor y empieza a caminar por el escenario. Puede ver la mesa y la silla, pero no al escritor. Se apoya brevemente en el respaldo de la silla.) Es la casa de un amigo. Me dio las llaves para que le riegue el jardín. Se fue de viaje hace unos días. La casa me viene al pelo. Cuando me la dio, no sabía que la iba a necesitar. (Se asoma a una ventana y espía para que no lo vean de afuera.) Estoy escapando. Juro que no quería hacerlo. Nadie sabe que estoy aquí. Necesito tiempo para pensar. (Se queda pensativo, el escritor sigue escribiendo.) Juro que no la quería matar. Discutimos, no era para tanto. Me metió los cuernos, sí. Pero yo no soy así. No me parece tan terrible. ¿Quién no? Ja. Además, la amaba. Y sin embargo… Un impulso. Como si yo no fuera yo, como si alguien me condujera al cajón, al revolver (Saca un revolver de la espalda.), al gatillo, a la bala (Se lo pone en la cabeza. Ha dado la vuelta al escenario y está nuevamente en el centro mirando al público con el revól-ver en la sien. Cierra los ojos, como si estuviera por disparar, pero grita con toda su alma, sin sacarse todavía el revolver de la sien:) ¡Nooooo! (El escritor se asusta y cierra el cuaderno de golpe. El personaje se descuelga como una marioneta. El escritor se levanta y camina preocupado por el escenario. Va y viene con las manos a la espalda ignorando al personaje. Saca un pañuelo y se seca el sudor de la cara. Vuelve a sentarse, abre el cuaderno y el personaje se incorpora llevándose nuevamente el revólver a la cabeza.) No, no, no, no. (Baja el revólver.) No quiero morir… ¿Por qué habría de matarme? Basta de muertes. Si yo pudiera dirigir este revólver hacia afuera, hacia ese monstruo que se apodera de mi voluntad. Tomar las riendas de mi propia vida. ¡Brr! (Se estremece de frío.) ¡Es insoportable! Hace un momento casi me vuelo la tapa de los sesos, la adrenalina me hirvió en la sangre… y el frío no se va. Como si mi presente estuviera escrito. ¡Ja! ¡Ni que tuviera un corazón de tinta! (Mira el cuaderno del escri-tor, a quien no ve. Va hacia el cuaderno.) Qué idea absurda, ¿no? Pero… ¿y si pudiera realmente romper la telita de cebolla? ¿Si pudiera realmente reescribir mi futuro? (Apunta con el revólver al cuaderno, como señalándolo. El escritor se levanta para evitar el revólver) No tengo nada que perder, ¿verdad? (Se sienta en el lugar del escritor. Durante la acción los dos personajes han girado enfrentados, dibujando un círculo –el personaje para sentarse y el escritor evitando el arma–, hasta cambiar de lugares: cada uno en el lugar original del otro.) Al contrario, toda una vida que ganar.
Una vez sentado, el personaje acaricia el cuaderno con la mano libre, luego pasa el revólver a su mano izquierda. El escritor vuelve a quedar en la línea de fuego y levanta las manos. El personaje da vuelta una página, toma la lapice-ra y empieza a escribir. Levanta la cabeza, piensa y vuelve a escribir. Luego cierra el cuaderno. Al hacerlo, el escri-tor se descuelga como una marioneta. El personaje se levanta, se quita el saco y se lo pone en los hombros al escritor, luego le pone su bufanda alrededor del cuello. Finalmente, le calza el revólver en la cintura y sale por la izquierda.
Telón.
Eugenio López Arriazu (Buenos Aires, Argentina, 1967). Doctor en Letras y Profesor en Inglés. Escritor en los géneros de cuento, dramaturgia, novela y poesía. Se desempeña como docente y traductor. Editor de Dédalus Editores. Como traductor ha publicado obras traducidas del inglés, el francés, el ruso y el latín con diversas editoriales. Como investigador, es miembro desde el año 2008 de los proyectos UBACyT y fue titular de un equipo de investigación sobre las traducciones del anglosajón al inglés moderno (2011).








