UN VIAJE A LA MALINCHE
Minuto a Minuto

UN VIAJE A LA MALINCHE.

Por: Abel Pérez Rojas*

Eran las cuatro de la mañana de un domingo friolento y lluvioso, el despertador hacía de las suyas entrometiéndose en los sonidos climáticos, con enorme trabajo se dispuso a prepararse para iniciar la jornada, el objetivo de ese día: conquistar la cúspide de La Malinche. Salió corriendo, Cariat, su compañero de entrenamiento, le esperaba impaciente en el auto, el trayecto fue breve, entre anécdotas y música, el tiempo se escapó sin que se percataran.

 Javier, quien estudiaba en la universidad era un practicante meticuloso del fisicoculturismo, su ejercitamiento lo combinaba con algunas otras actividades como: natación, atletismo y caminata por el bosque. En su encuentro con la naturaleza descubrió mucho más que una buena condición física.


 La llegada a La Malinche fue sin novedad, el ascenso iba sin contratiempo alguno, de pronto un dolor constante atacó el dedo meñique del pie derecho de Javier, la puntera metálica de la bota le laceraba sin piedad, hasta ese momento se percató que había elegido el calzado erróneo, aunado a lo anterior, las nulas muestras de cansancio de Cariat mermaban su autoconfianza.

 Con el transcurso de los minutos la maleta de escasos diez kilogramos de peso, parecía portar plomo, el agua se había agotado y fue recargada con nieve. Javier suspiró cuando por fin tuvo a la vista la cúspide, esos últimos quince minutos le parecieron eternos.

 Después de consumir atún y jugo de naranja, se agravó el calvario iniciado minutos atrás. Una fuerte punzada le taladró la cabeza, no pudo conservar los alimentos... era el mal de montaña.

 Ambos aventureros iniciaron el descenso, de pronto, Javier se adelantó con grandes zancadas, eso se convirtió en una frenética carrera, su mirada no alcanzaba a calcular todas las afilaciones rocosas, por breves segundos recorrió mentalmente lo que había sido su vida, no podía controlar sus movimientos y entonces sintió como si flotara en las nubes y todo le diera vueltas... se hizo un silencio mortuorio, Cariat observaba pálido como la cera, impotente ante el suceso sólo cerró los ojos. El cuerpo de Javier parecía una marioneta abandonada entre piedras. Javier se observó a sí mismo de pie y su cuerpo aún abandonado, inerte; no daba crédito a lo que estaba viviendo ¿viviendo? No sabía que pensar, Javier sintió como si de repente fuese una pompa de jabón que se eleva por las nubes, todo se le hacía pequeño, estaba volando...

 Cuentan que fue una semana de debatirse entre la vida y la muerte, él sólo sabe que prefirió quedarse entre el verde del bosque y la blancura de la montaña, lo cierto es que desde aquél día hubo un universitario menos, pero el cielo había conquistado una estrella más.

Puebla, Pue. 2001

*[1] Abel Pérez Rojas (Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.) es Maestro en Formación Permanente y candidato a Doctor en Educación Permanente por el Centro Internacional de Prospectiva y Altos Estudios (CIPAE); es Director General de Sabersinfin.com (www.sabersinfin.com, http://sabersinfin.blogspot.com y www.youtube.com/sabersinfin )