
12 de febrero de 2014
Eduardo González conversa con Maritza Lucero Aquino alumna y Paul Arvizu director Escuela Normal Superior Federalizada acerca del aniversario luctuoso del escritor Julio Cortázar y el legado que se utiliza para la formación de nuevos docentes.
Un escritor juega con las palabras pero juega en serio; juega en la medida en que tiene a su disposición las posibilidades interminables e infinitas de un idioma, decía el argentino Julio Cortázar.
Este miércoles en que se conmemora el 30 aniversario luctuoso del autor de Rayuela, se recuerda en diversos países a quien desarrolló una obra literaria única dentro de la lengua española. Cortázar fijó su residencia en París en 1951, donde desarrolló su carrera literaria y falleció el 12 de febrero de 1984. Sus magistrales relatos sorprendieron con la introducción de lo fantástico en la realidad cotidiana. Pero fue la gran novela Rayuela la que lo consagró en el ámbito internacional y se convirtió en una de las insignias del boom latinoamericano, con la presencia permanente de lo lúdico y el humor.
Más allá de los debates sobre si predomina en sus diversas facetas el Cortázar fantástico, lúdico o el comprometido con Cuba y Nicaragua, el escritor sigue atrayendo a infinidad de lectores. Suele suceder que un escritor después de que muere tiene una etapa un poco oscura, y luego si es buen escritor es reconocido de nuevo. Creo que eso está pasando con Cortázar. Por suerte, porque es un gran escritor, afirma Ricardo Piglia, autor argentino. También Cortázar buscó de manera intensa una renovación del lenguaje y le quitó un manto de solemnidad a la literatura.(Fuente: jornada.unam.mx)








