
20 de septiembre de 2012
Los cambios de estación no solamente llegan con otro paisaje y cambios en el tiempo, sino también con nuevas enfermedades relacionadas con los sucesos ambientales.
Esta temporada se caracteriza por viento fuerte que tira las hojas de los árboles y con ello el polen y polvo flotan en el ambiente ocasionando en muchas personas reacciones alérgicas importantes, sobre todo en enfermos de asma y otros padecimientos pulmonares y bronquiales.
Empieza a descender la temperatura y con ello también se incrementan las enfermedades respiratorias como la gripe, los resfriados comunes, las neumonías y las faringitis.
Hay también enfermedades que afectan a menores de 4 años, como el sincicial respiratorio, que puede ser muy grave y que en esta temporada es una de las principales causas de hospitalización.
Ya que aún no termina la temporada de lluvias, las enfermedades gastrointestinales continúan, ocasionadas ya sea por virus que penetran a nuestro organismo por vía aérea ocasionando fuertes gastroenteritis o por bacterias o parásitos provenientes de alimentos que se descomponen fácilmente por el calor y la humedad.
Las lluvias e inundaciones, permiten la formación de charcos y con ello la proliferación de mosquitos transmisores de enfermedades como el dengue clásico y el hemorrágico y el paludismo.
La humedad y el frío que empieza provocan afecciones en la piel, ocasionando infecciones por hongos, dermatitis por alergias o resequedad.
La humedad también incrementa infecciones en las mucosas, por lo que la conjuntivitis es otra de las enfermedades que se presenta con mayor frecuencia en el verano y otoño. (Tomado de: Esmas.com)








