Padre, nadie me ha dado ese amor, ese cariño sincero.
Nadie como tú, me ha enseñado amar la vida, a amar a mis semejantes,
respetar y querer a todos los animales,
ser feliz con las cosas más sencillas.
Querer a mis hijos, y cuidarlos como tú a mí me enseñaste.
A Dios, le pido padre, que en el libro de la vida
tu nombre escrito se encuentre.
Mientras dormido estás en la muerte, yo padre,
esperaré el día en que Dios, a los muertos levante.
Entonces seré feliz, porque mis manos acariciarán tu pelo...
mis labios besarán tus mejillas suaves...mis ojos ya no llorarán más.
En ese día no me faltará a mí nada.
Porque como tu amor padre... no habré encontrado nunca,
¡Otra dicha semejante!
*Gaviota Romero ha participado en diversos programas de radio principalmente de España y Suecia, actualmente colabora en Sabersinfin.com compartiendo lecturas de interés y poemas de grandes autores del pasado y de su propia inspiración.








