IMPACTO PSICOEMOCIONAL DE UN SECUESTRO: UN INTENTO POR ANALIZAR LA ANATOMÍA DEL SECUESTRO
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IMPACTO PSICOEMOCIONAL DE UN SECUESTRO:

UN INTENTO POR ANALIZAR LA ANATOMÍA DE  UN SECUESTRO

Por: José Oscar Aldana Torres*

Hannah entró a mi consultorio… con una actitud de escepticismo y una mirada esquivante, se sienta y me saluda nerviosa…no me mira a los ojos….busca algo  en su bolso y guarda silencio.

Es una mujer joven, tiene 23 años. Su mirada está apagada y muestra mucho miedo y coraje contenido… se percibe ausente… se puede percibir que está atrapada en un evento de gran peso emocional y dolor:

 

 

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Después de mis primeras preguntas, responde mirando al piso…me tengo que esforzar para escucharla, por lo suave y bajo que habla.

Inicia diciéndome que hace 6 meses fue asaltada, secuestrada y violada.

Era viernes… salió un poco mas tarde del lugar donde trabaja.  

Normalmente toma el transporte público pero por la hora, tuvo que tomar un taxi. El taxista hizo o recibió una llamada al celular a la que no le dio importancia por las entrecortadas palabras del chofer. Unas calles adelante el taxista se detuvo en una esquina e intempestivamente subieron dos sujetos que se pusieron a sus lados. De inmediato la empujaron y la empezaron a golpear en la cabeza, la pusieron boca abajo hacia el piso del carro, mientras sentía que con algo de metal en su cabeza y en las costillas uno de los sujetos le golpeaba y le ponía una capucha de tela en la cabeza.

Le dijeron que era sólo un asalto, que si cooperaba no le iba a pasar nada, pero que si se oponía o gritaba la iban a matar.

Mientras el otro sujeto, hurgaba en su bolsa y su cartera encontrando su tarjeta bancaria al momento dijo: “ya la hicimos pareja”. Le pidieron el código personal, se pararon en un cajero automático, uno de los secuestradores bajó y sacó todo el dinero que le fue posible.

Cuando el asaltante regresó al auto dijo:

“…esta vieja tiene más lana…tenemos que esperarnos a que pasen las doce de la noche para volver a sacar más lana del cajero…mientras, vamos a divertirnos con esta zorra…”

No sabe donde la llevaron…le habían puesto esa capucha…los tres delincuentes la violaron mientras la golpeaban y le decían todo tipo de palabras soeces y amenazas, la golpearon, pellizcaron y mordieron de una forma terriblemente grotesca, de hecho le tendrán que hacerle una cirugía reconstructiva en uno de sus senos, por que uno de los sujetos el más violento, la mordió en varias partes del cuerpo en especial los senos y le desprendió un pezón

Hannah no tiene idea de cuanto tiempo duró aquella experiencia abismal, sólo recuerda que se desmayó, y cuando despertó estaba maltrecha y obnubilada, abandonada en una calle poco transitada que daba a una zona de la autopista hacia Puebla.

Después de estar secuestrada durante esa noche al día siguiente la habían liberado, un carro particular pasó y al verla con la ropa rota y ensangrentada se detuvo y la llevó a un lugar en donde pudo hablarle a sus padres; quienes fueron a buscarla.

Al parecer lo peor había pasado, pues ella estaba viva y a salvo aparentemente en su casa.

Los padres no preguntaron los detalles, era como si supieran lo que había ocurrido, pero no quisieran escucharlo.

Dos semanas más tarde Hannah se presentó a trabajar, no le contó a nadie de la oficina lo que le había ocurrido, pero le era difícil concentrarse en las tareas del mismo.

Conforme me narra la experiencia, lo hace con dificultad para respirar, contener, el llanto, la repulsión y el coraje. Sólo puede articular algunos fragmentos de su experiencia: imágenes, sonidos, olores nauseabundos, sensaciones corporales, que me decía  que se metían en su cabeza y no podía hacer nada para quitárselos, para dormir, concentrarse o trabajar.

No podía dormir, apenas cerraba los ojos y comenzaba a tener pesadillas en donde recordaba lo sucedido. Despertaba sudando y sintiendo que el corazón se le salía del pecho. Tenía miedo de dormirse.

A pesar de que su papá la llevaba al trabajo y pasaba por ella, Hannah sentía más miedo cada día que pasaba. A pesar de estar segura, no se sentía segura.

El lunes siguiente ya no pudo ir a trabajar. Pidió una incapacidad médica. Pasado el tiempo, tuvo que renunciar al trabajo.

Tampoco quería salir de su casa. Pasaba de estar nerviosa a estar deprimida. A veces dejaba de comer y a veces se atiborraba compulsivamente de todo lo que encontraba, para después vomitar.

Cuando veía a sus papás fingía una sonrisa para no preocuparlos… pero ellos sabían que ella no estaba bien. Esa situación estaba minando a su familia.

Hannah me dice: “es horrible … ya no aguanto más… puedo estar sentada leyendo algo y de repente regreso a vivir esa experiencia… es como si estuviera nuevamente ahí… oliendo el aliento pestilente de esos hombres mientras me violaban…ya no puedo más… ayúdeme por favor…”

La escuché durante casi una hora, cuando terminó de platicarme le expliqué que lo que estaba viviendo eran síntomas de una patología aguda llamada Trastorno por Estrés Postraumático.

Le explique que cuando una persona vive una experiencia tan perturbadora, las memorias de esa experiencia se almacenan disfuncionalmente en el cerebro y es como si quedaran “congeladas” con todos los elementos que integran esa memoria (imágenes, pensamientos, emociones y sensaciones corporales). Y que eso es lo que produce los síntomas que ella tiene.

La tranquilicé explicándole que afortunadamente existen varias metodologías psicoterapéuticas que están avaladas a nivel internacional como altamente efectivas para tratar el trastorno que ella tenía. La invité a tratarse con una de estas metodologías y ella aceptó.

La traté durante ocho sesiones, en la quinta sesión ya habían desaparecidos los síntomas del trastorno por estrés postraumático. Después de eso, me vistió una vez por mes, para darle seguimiento, de eso hace casi un año y Hannah se mantiene estable, ya regresó a su trabajo y tiene un novio con el que se siente muy contenta y quiere formar una familia.

Hannah ya tiene un presente… ya tiene un futuro…y tiene su vida de vuelta.

 

*José Oscar Aldana Torres es Psicotraumatólogo y Terapeuta, Posgraduado en Orientación, Terapia Familiar y Thanatología por la UIA, esta Certificado por la Red Mundial de Suicidólogos y por la Fundación Francine Shapiro como Psicotraumatólogo para Situaciones de Crisis y Casos de Desastre por EMDR de México y se encuentra Adscrito a la Subdirección de Asistencia Juridica Social del SEDIF Puebla.

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